Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de junio de 2013

Una mirada demasiado superficial

"El Gran Gabsty", con Leonardo Di Caprio.
Por Maximiliano Audisio | Cine

Desde el momento en el cual se supo que “El Gran Gatsby” sería el film de apertura del “66º Festival de Cannes”, nada volvería a ser igual. No lo sería para este film, para su elenco, para los seguidores de Baz Luhrman, los lectores de Fittzgerald, ni para el mundo cinéfilo en general. El director de Australia ya había tenido la oportunidad de dar la apertura al festival de la costa azul en 2001, con lo que es quizás su mayor obra, “Moulin Rouge”, por ende existe una relación estrecha entre director-festival que llevaba a pensar que quizas todo sería color de rosas como aquella vez. Lamentablemente no fue así.

“El Gran Gastby” transcurre en New York en los dorados años 20, es la historia de Jay Gatsby (Leonardo Di Caprio, quien debería el Oscar por su actuación en esta película), un nuevo rico de quien se sabe muy poco y que se presenta como una verdadera incógnita entrando tardíamente dentro del film para cautivar desde el desconcierto y la fascinación tanto a Nick Carraway (Tobey Maguire) como a su eterno amor imposible, la simplista Dausy de Carrey Muligan.

El comienzo del film es deslumbrante y sin lugar a dudas lo mejor del mismo. Asistimos a la vida de quien será nuestro narrador y de manera ínfima somos espectadores también de esa figura siniestra que es el señor Gastby, de quien hasta el momento no se sabe demasiado, solo que vive en una gran mansión en la cual no hace más que dar grandes fiestas todo el tiempo. Un Gatsby que parece mantener una única inquietud relacionada con un destello/luz verde que observa cada noche desde su muelle.

jueves, 4 de abril de 2013

Un relato sobre las segundas oportunidades

Título: La reconstrucción. 
Guión y dirección: Juan Taratuto. 
Con Diego Peretti, Claudia Fontán, Alfredo Casero, Maria Casali, Eugenia Aguilar y Ariel Pérez. 
Duración: 85 minutos. 
País: Argentina 
Año: 2013 


Por Maximiliano Audisio | Cine

Eduardo es un personaje extremadamente solitario, se preocupa por sí mismo y por nadie más. Su mundo se reduce a una casa sin luz y un trabajo en un yacimiento ubicado en Rio Grande. Recibe un llamado que por días no quiere atender, es su amigo Mario quien le pide que se dirija a Ushuaia porque necesita de su presencia y ayuda por unos días. Eso será solo el comienzo…

Luego de tres películas (No sos vos, soy yo, ¿Quién dijo que es fácil? y Un novio para mi mujer) que supieron ubicar a Juan Taratuto bajo la etiqueta de revitalizador de la comedia argentina de la última década, el director se animó a dejar atrás la exitosa formula de risas y amor con la gran ciudad como trasfondo, para arriesgarse y realizar un fuerte cambio de género, tono y registro, dando lugar a la tristeza, la soledad y la inmensidad de la Patagonia. Si bien mantiene a Diego Peretti como protagonista, en La reconstrucción se sumerge en el drama, abordando nociones, conflictos y sentimientos inéditos hasta ahora en su filmografía.

Afortunadamente, Taratuto sale azaroso de la situación y logra mediante este saludable pero brusco cambio un resultado más que digno. Quizás La reconstrucción no sea un film de fácil consumo como los tres anteriores, que en esta oportunidad el director se centre más en la descripción y en el desmenuzar a cada uno de los personajes, que la resolución termine siendo relativamente apresurada, pero que al mismo tiempo desde su trabajo como cineasta de un paso adelante logrando una película más profunda y rigurosa que sus trabajos anteriores, con la construcción de un concepto, un armado y una puesta en escena que rompen por completo con la estética que venía trabajando.

Entre escenas en exteriores (que por momentos remiten al cine patagónico de Carlos Sorin), diálogos casi nulos y primeros planos, Taratuto nos entrega una primera mitad de film en la cual se encarga de mostrar el grado de soledad, desprecio y amargura que acumula Eduardo, de quien se nos revelara a medida que pasen los minutos una pesada carga emocional, dolor y frustración que tienen que ver con su pasado.




jueves, 21 de marzo de 2013

The Master (is back)

Título: The Master 
Dirección: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson
Música: Jonny Greenwood.
Fotografía: Mihai Malaimare 
Reparto: Amy Adams, Joaquín Phoenix, Philip Seymour Hoffman, Jesse Plemons, Laura Dern, Rami Malek, Kevin J. O'Connor, Jillian Bell, Darren Le Gallo, Patty McCormack
País: Estados Unidos
Año: 2012
Duración: 137 min.


Por Maximiliano Audisio | Cine

Paul Thomas Anderson ("Sidney", "Boogie Nights", "Magnolia", "Punch Drunk Love") es quizás uno de los directores más destacados de su generación. En esta oportunidad y a cinco años de su anterior estreno (la multipremiada "There will be blood"), se presenta en nuestras salas con una obra maestra que desde el momento cero generó controversias.

Controversias que tienen que ver con el método de filmación (fue rodada en película de 65 mm, convirtiéndose así en la primera película de ficción que se rodara en este formato desde Hamlet de Kenneth Branagh en 1996), y con la historia que se gesta detrás del relato principal, una clara alusión al nacimiento de la iglesia de la Cienciología (organización religiosa que tan de moda está, con Tom Cruise y John Travolta como abanderados) que apareció en los EEUU a mediados de los 50, llamada aquí “La Causa”.

Las palabras señaladas en las últimas líneas del párrafo anterior serían una burda explicación de lo que en realidad es el film. The Master es la historia de Freddie (Joaquin Phoenix), un veterano de la segunda guerra mundial que tiene problemas en adaptarse a la posguerra. Cuando pierde su trabajo como fotógrafo, vaga por el país hasta encontrarse en un episodio fortuito con Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), el fundador de un movimiento filosófico-religioso llamado “La Causa”, que toma al perdido Freddie como su protegido. El film gira en torno a la relación de estos dos personajes que de tan antagónicos no pueden más que atraerse. Este encuentro, será el encargado de guiar el resto del relato hasta la última escena.

Anderson se encarga de llevar al espectador a lugares poco agradables, mostrando cuestiones que muchas veces no queremos ni pretendemos ver mediante esa relación de suma dependencia entre esos dos personajes atravesada por el rencor, el amor, la misericordia y el odio.

Con The Master, Paul Tomas Anderson se presenta una vez más ante nosotros y de la mano de un film que ronda la perfección, como uno de los grandes directores de cine en las últimas décadas. Entregándonos en esta ocasión una película que cuenta con todos los ingredientes: ternura, odio, tristeza, amor, pasajes oscuros y profundos de la mano de una gran fotografía (diagramada a base de mayoría de planos cortos), una banda de sonido sublime (a cargo del magistral Jonny Greenwood), junto a excelentes actuaciones y diálogos precisos.

De esta forma, The Master se autoproclama como un film que uno no puede dejar de ver y así comprender entre otras cosas por qué Paul Tomas Anderson es un “Maestro” del cine de nuestros tiempos.

martes, 12 de marzo de 2013

Retratos de un adiós


Título: Germania 
Director: Maximiliano Schonfeld 
Año: 2012 
Duración: 75' 
Intérpretes: Brenda Krütli, Lucas Schell, Margarita Greifenstein 
Guión: Maximiliano Schonfeld 
Fotografía: Soledad Rodríguez 
Edición: Anita Remón 
Producción: Bárbara Francisco, Fernando Brom 
Compañía productora: Pasto
País: Argentina



Por Maximiliano Audisio | Cine

Los debuts no suelen ser fáciles para nadie bajo ninguna circunstancia, pero acá estoy, escribiendo por primera vez en este blog sobre algo que me apasiona, que es capaz de llegar a lo más recóndito de las emociones y logra despertar sensaciones y sentimientos que a veces ni la vida real lo permiten. Estoy acá para hablarles de cine.

El calor invade una vez más la ciudad y me acerco al Cineclub Municipal Hugo del Carril para disfrutar de uno de los estrenos de la semana. La programación de este mes promete y mucho. Llego al lugar, atravieso esa puerta gigante, una especie de portal a lo desconocido. Diálogos confluyen a mi alrededor junto con parejas besándose, un ambiente cálido y luces tenues. Subo los escalones, llego y me encuentro con una sala ocupada casi en su totalidad. En la pantalla, los adelantos de lo que sucederá a lo largo del mes y, por fin, la oscuridad, seguida de un bello plano secuencial de un amanecer rural. La escena se puede confundir con cualquier amanecer que alguna vez hayamos vivido (vengo de un lugar donde campo es lo único que me rodea) pero basado en lecturas previas, sé que ese amanecer tiene que ver con tierras entrerrianas, más precisamente con Aldea Santa Rosa. La escena pertenece a Germania, el film que me llevó a estar allí y del cual les hablaré a continuación.


El haber comenzado hablando sobre los debuts no fue una casualidad, tiene que ver con que nos encontramos ante la ópera prima de Maximiliano Schonfeld y un film que fue estrenado el año pasado, galardonado en el Bafici (Premio Especial del Jurado, y del Premio FEISAL en la Competencia Internacional del 14º BAFICI) y en los festivales de Hamburgo y Praga.

A grandes rasgos, la obra del joven director narra la historia de los integrantes de una familia que vive en una pequeña aldea de alemanes del Volga, una comunidad ubicada en su provincia natal que conserva intactas las tradiciones ancestrales y hasta el dialecto Wolgadeutsche.

El film comienza de una forma tranquila, los primeros minutos son abordados con una calma extrema que no se sabe hacia dónde nos llevara. El desarrollo no difiere demasiado de lo que sucede en las primeras tomas, Schonfeld se centra en las miradas de los actores a base de primeros planos y en las diferentes acciones mediante escenas y planos largos. Esta forma de narrar historias (típica de “lo nuevo de lo nuevo” del cine argentino) en las cuales parece que no sucede nada pero está pasando todo, sólo será efectiva si el espectador se predispone a sumergirse de lleno en la historia.

Las actuaciones están a la altura del film, tanto Brenda como Lucas y su madre (ninguno de ellos actores profesionales) se encargan de retratar a la perfección la vida diaria en una aldea volga y, en este caso puntual, el vacío, la tristeza y la sensación de decadencia que invade a cada uno de ellos al momento de realizar una despedida y dejar la vida actual de lado, para darse una nueva oportunidad en otro lugar. El director se encarga de mostrar desde un punto de vista sumamente intimista y minimalista la decadencia de una forma de vida, de una familia y de cada uno de sus integrantes.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Papeles de Colores

Por Juan Pablo Duarte | Cine

Título original: El Estudiante
Director: Santiago Mitre
Reparto: Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix y Valeria Correa.
Género: Drama
Año: 2011
País: Argentina

Conseguí asiento en la primera fila luego de hacer una cola que ocupaba buena parte de la vereda del Cineclub Municipal Hugo del Carril. No esperaba tanta convocatoria. Se trataba de la primera película de un joven director argentino sobre la militancia universitaria, un tal Santiago Mitre.
El Cineclub se encuentra en el corazón de Nueva Córdoba, el barrio lindante a la Ciudad Universitaria. Ahí viven o circulan miles de estudiantes de todo el país. El Estudiante iba a mostrarles una realidad muy cercana. Buena parte de la historia transcurre entre las mismas paredes que ven todos los días, esas que mezclan las grillas de calificaciones de exámenes con las propuestas de campaña impresas o pintadas en papel afiche de colores vivos.
Ver una realidad tan cotidiana en pantalla grande bien podría haber sido uno de los motivos que llevaron a tantos universitarios a la butaca del cine aquella noche. Pero Santiago Mitre hizo mucho más que eso. Supo mostrar un mundo que, sin escapar a la mirada de nadie, sabe conservar sus misterios, el de la política universitaria. Y, por sobre todas las cosas, supo hacerlo contando una excelente historia.

La tristeza de la tinta
La militancia universitaria es un terreno complejo y hasta laberíntico. No es sencillo distinguir las fuerzas que participan en la lucha por el poder ni saber cuáles son sus intereses reales. Los carteles y panfletos dan sólo una idea lejana, igual que las exposiciones en las asambleas o frente a los cursos.
El protagonista de la historia es Roque Espinosa (Esteban Lamothe), un joven provinciano que llega a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y se introduce en la política en su intento de seducir a Paula (Romina Paula), una bella docente y militante de la agrupación Brecha.
Roque escala posiciones rápidamente. Es un gestor eficaz, vivo, entrador y capaz de negociar en circunstancias difíciles. Su clave no está en pronunciar ni en escribir consignas. Quiere llegar al poder y actúa. Hace, hace y hace. Tanto hace que cada vez se aleja más de los libros. Así va cambiando las discusiones sobre teoría política en las cátedras por reuniones y movidas para cerrar un frente electoral en vista a la elección del próximo Rector.


Palabras heridas de muerte
Roque comienza a habitar una realidad cuyo vértigo parece exceder todos los saberes académicos. Un mundo en el que hace malabarismos estratégicos mientras sus opositores lo tienen de las solapas, donde el acuerdo que ayer estaba cerrado hoy está en pedazos y donde a cada rato se te queman los papeles.
El mundo de Roque no puede agotarse en los libros, transmitirse con discursos, ni escribirse en papeles de colores. Vive cuando la clase termina y de súbito el aula aloja una reunión de agrupación. Prosigue frenéticamente en el café, los bares, las fiestas y los boliches mientras las Facultades duermen. Hoy, por suerte, también palpita en una película que nos invita uno de los tantos mundos que están en este.

lunes, 10 de octubre de 2011

Box

Por Juan Pablo Duarte | Cine

Firpo vs. Dempsey
El catorce de septiembre de 1923, en el Polo Grounds de New York, Miguel Ángel Firpo “El Toro Salvaje de las Pampas” se convertía en la primera leyenda del boxeo argentino al protagonizar "La Pelea del Siglo" frente al campeón mundial de los pesos pesados Jack Dempsey “El Asesino de Manassa”. Aquel acontecimiento marcó a fuego el calendario haciendo de esta fecha el día del boxeador en nuestro país.
Por adelantarse casi un siglo en lo de mezclar músculos, golpes y sudor con dinero proveniente de apuestas (algo que otras competencias comenzarían a imitar recién el siglo XIX) se considera al boxeo como el primer deporte profesional completamente desarrollado.
Pero quizá una de las particularidades más llamativas del Noble Arte resida en el hecho de que algo en él atrajo desde siempre a las más diversas sensibilidades intelectuales y artísticas de occidente. Personalidades que tradicionalmente, aunque salvando algunas excepciones, no se caracterizaron por sus pasiones deportivas.
Por ello no resulta extraño que los boxeadores hayan invadido con sus historias el mundo del cine, al igual que lo hicieron con las letras, la música, la pintura y la fotografía.

Vuélvete fuerte ahora (Gona fly now, de Bill Conti)


El rotundo éxito de Rocky I (1976), protagonizado por Sylvester Stallone, hace de esta película una referencia ineludible del cine de boxeo. Con sólo un millón cien mil dólares se filmó la primera parte de una saga que finalizó en el 2006 con su quinta secuela, Rocky Balboa.
Rocky I muestra el modo en que un tipo cualquiera puede encarnar, literalmente, el american dream. Sus footings al alba al son de gonna fly now y las duras sesiones de entrenamiento transmiten uno de los elementos en torno a los cuales gira buena parte de la narrativa boxística: el sacrificio.
Rocky sólo tiene su cuerpo, carece de otras herramientas para buscarse la vida. Por eso está dispuesto a mortificarlo hasta extraer de él su máximo valor y apostar su vida en un combate desigual.

lunes, 3 de octubre de 2011

Elvis: entre ídolos y héroes

Por Georgina Vorano | Cine


El septiembre pasado nos trajo un ciclo completito sobre Elvis Presley en el Cineclub Municipal, con una selección de películas, documentales y conciertos en los que se pueden ver sus orígenes y mejores momentos en el escenario, cuando se lo llamó “El Rey del Rock´n Roll” (“Elvis, los primeros años” - “Elvis, the early years”- EE.UU. – 2005 - James Steven Sadwith), sus retornos (“Elvis 68´ Comeback Special”- EE.UU. – 1968 - Steve Binder), y su decadencia y trágico final (“Elvis: 1935-1977 Videobiography”- EE.UU. – 2007 - P. Badham). 

De la cima al abismo 

¿Cómo es posible que alguien con el talento de Elvis Presley, prácticamente fundador del género Rock’n Roll, puede ser recordado muchas veces en sus momentos de decadencia? El maquiávelico managger Tom “El Coronel” Parker es parte de la respuesta. 
“El Coronel” fue quien puso en marcha la maquinaria de exhibir, con una producción frenética de 75 álbumes de estudio, 31 películas y otras tantas producciones de TV, logrando al comienzo que Elvis fuera considerado una mala influencia moral por los padres, y promotor de la permisividad sexual y las orgías por parte el gobierno. El resultado de algo así: chicas enamoradas locamente y chicos usando peinados raros, pantalones de cuero y anteojos negros; convirtiendo a Elvis no sólo en un icono sino también en el ídolo de la década de los 60. 

¿Qué tienen los ídolos que tanto nos fascinan? 

Si los héroes son sufridos, tienen un talón de Aquiles y hacen hazañas con las que van más allá de su debilidad a fuerza de tozudo coraje para salvar a un niño, un anciano o un pueblo entero para ser recordados, pero fundamentalmente para salvar a la chica y ganar su amor, los ídolos quieren simplemente que todas las chicas los adoren. 

Así es que la televisión y los posters, los managgers y las empresas pueden fabricar un ídolo, pero no pueden fabricar un héroe. Es que hay algo que no se puede producir, el punto débil, lo único que a los ídolos les falta. Aunque sabemos que no todo es felicidad para estas imágenes que idolatramos, y entonces podemos pensar que su autodestrucción narcisista y el vacío existencial es lo más cercano a su Talón de Aquiles, con su propio altar cayéndoseles encima. Quizás por eso, los héroes, de ideales y predicamentos externos a sí mismos, nunca se suicidarían por falta de sentido o -en términos de rock-, no morirían de una sobredosis. 

Dime quién te mata y te diré quién eres 

Si el héroe nos causa ternura porque tiene una debilidad que lo hace posible, real, y nos permite amar su genialidad a través de su desgarrada humanidad y sus heridas expuestas; el ídolo nos causa veneración como toda imagen alta y lejana. Y las imágenes no tienen agujeros. Quizás por eso al ídolo lo queremos desgarrar, romperle la ropa, encontrarle con morbo ese compartimento secreto en sus vestiduras donde esconde algo descocido. ¿Y si no se lo encontramos? Es necesario hacerle un tajo. 
Será por eso que a los héroes los matan sus rivales, y los ídolos se matan a sí mismos o los matan sus fanáticos. 


Te dejo acá una nota interesante para leer al respecto: “Cuando la debilidad hace la fuerza” de Alicia Dujovne Ortiz.
Y esta otra, “Carne”, de Mariana Enríquez. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Balada triste de trompeta

Por Georgina Vorano | Cine

Título: Balada triste de trompeta.
Dirección: Álex de la Iglesia
Guión: Álex de la Iglesia
Sonido: Carlos Schmukler
Reparto: Carlos Areces (Javier), Carolina Bang, Antonio de la Torre, Santiago Segura, Manuel Tallafé, Nazaret Aracil, Gracia Olayo, Enrique Villén. 
País: España/Francia
Año: 2010
Género: Comedia negra
Duración: 101 min.
Estreno: 25 de agosto (Bs. As).

La historia de Javier es la de un payaso traumado que creció con el reclutamiento de su padre por el Ejército Republicano, quien luego muere en manos de las tropas falangistas durante la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco. En ese contexto, Javier se convierte en un Payaso Triste (que es lo único que sabe hacer), hasta llegar a un circo en donde desatará, además, una guerra personal y por supuesto, payasesca. 



No sólo hay circo en el circo

Advertencia: el artículo puede contener spoilers.

Para hacerse una idea de Alex de la Iglesia, el célebre director español que nos acerca su última producción con aires circenses, hay que mencionar que se trata de un tipo que, mientras obtenía su Licenciatura en Filosofía, cultivaba un género tan “out” de las elites del Saber como lo son los cómics. De ahí que sus películas traten temas sociales e históricamente sensibles, desde los bordes y sin tropezar, haciendo equilibrio con la vara de un estilo estético y narrativo inédito en el cine español.

Lo siniestro

En esta ocasión, la singularidad viene no sólo porque la peli aborda la Guerra Civil Española con una pelea de payasos en clave “Buddy Movie” (donde la chica -supuesto propósito- termina resultando secundaria), sino también porque utiliza con asombrosa pericia una estética expresionista y grotesca, de imágenes deformadas, crudas, con personajes voluptuosamente recargados y colores tiernos y violentos. En ese tren, podemos ver a Javier, el Payaso Triste, con quemaduras rosadas en la cara, caminando con una ametralladora en la espalda y una Magnum en la mano, mientras llora por la chica al ritmo de un tema reversionado de Chichi Peralta. Imperdible escena.

Aunque si hablamos de circos y payasos, lo que se impone es lo ominoso, esa variedad de lo terrorífico que prefiere los tonos pasteles, que tiene sabor dulce y que se produce cuando aquello que era tiernamente familiar de pronto se vuelve extraño y oscuro. O al revés, cuando en algo ajeno y aparentemente bello reconocemos sombras íntimas y lúgubres. Será por eso que los circos, además de traernos buenos recuerdos, también nos evocan esa fascinación enrarecida que tienta, muchas veces, a descorrer el telón, a ver qué pasa después de la función. Y eso, es siempre siniestro.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Una celebración de la copia


Por Juan Pablo Duarte | Cine


Título Original: Certified Copy
Título en español: Copia Certificada/conforme
Año: 2010
Países: Italia/Francia/Bélgica
Director: Abbas Kiarostami
Reparto: Juliette Binoche, William Shimell y Jean-Claude Carrière
Género: Drama






Dudo que alguna vez haya reparado en que el mundo del arte llegó a mi vida a través de las copias. Ahora que lo pienso, es paradójico. Renunciar a los originales, o posponerlos, muchas veces resulta el único modo de obtener algo de ellos.
Copia Certificada, la nueva película del director iraní Abbas Kiarostami, comienza con una reflexión sobre el original y sus copias. James Miller (William Schimell), es un intelectual inglés que está de visita en La Toscana para presentar su libro “Copia Certificada”. Se trata de un libro que propone una idea controvertida, nada menos que una reivindicación del valor de las copias.
Entre el auditorio está Elle (Juliette Binoche). Ella es dueña de un negocio que vende copias de obras de arte y se las arregla para llevar a James de paseo por el lugar.
Elle no cree en el valor de las copias. No propone una discusión teórica, no le interesa una clase de historia del arte ni espera que algo la haga entrar en razón. Es un cuestionamiento tenaz capaz de derrumbar cada una de las bellas explicaciones que él ensaya para probar sus puntos de vista.
Elle y James comienzan una especie de juego. Sustituyen sus papeles de guía hospitalaria y visitante ilustre por el de marido y mujer. Un matrimonio de catorce años con un hijo adolescente.
Devenida en esposa, el cuestionamiento que Elle dirigía hacia las ideas de James dará paso a los reproches por sus ausencias, sus hábitos y su manera de vivir.

Simulacros

Con Copia Certificada Kiarostami, uno de los máximos referentes del cine de autor iraní, nos lleva desde el terreno del arte hacia los laberintos del amor haciendo que sus personajes comiencen un simulacro dentro del simulacro que les dio vida: la propia película.

Mallarmé fue uno de los primeros en negar a lo bello cualquier esencia. Decía que lo bello no existe fuera de una creencia colectiva en un mundo puramente ficcional, el mundo del arte. Pero agregaba que se trata de una ficción que no necesita ser desmentida.

Con el amor sucede algo parecido, es una creación cultural que vive por obra y gracia del lenguaje. Los originales de las historias de amor existen en el mundo de la ficción, en las cartas, los libros y en las películas. En la vida, del amor solo llegamos a conocer las copias imperfectas de aquellos originales ficticios.

En Copia Certificada la imperfección habita en ese malentendido irreconciliable que surca el simulacro matrimonial de Elle y James. Nos vemos tentados a pensar que no se trata de amor sino de una pareja que discute, de un matrimonio conflictuado, remedos fallidos de un sublime original.

El amor: una ficción necesaria

Aunque se trate de dos que no logran entenderse, se embarcan en esta ficción. Justamente esto es lo que la hace un excelente film sobre el amor. Con Copia Certificada Kiarostami muestra algo de este artificio que nos une al otro en toda su inconsistencia, sin dejar de reconocer su carácter necesario.

No sabremos si Elle o James abandonarán el simulacro o continuarán en él. Pero sabemos que esa copia imperfecta a la que prestan sus cuerpos es la única vía de obtener algo del original.

martes, 16 de agosto de 2011

La traición de los trailers

Por Georgina Vorano | Cine


Lo que pensábamos que era el hermano tonto o la tía mentirosa de las películas, no sólo es un formato específico con sus propias reglas, autores y empresas dedicadas, sino que hasta tiene sus propias instancias de consagración. Estamos hablando de los trailers, esos retazos vivos que bordean la realidad y la ficción y nos conducen -muchas veces aunque no nos demos cuenta- hacia las películas.
Es sorprendente encontrar que existen al menos dos premiaciones para los mejores trailers de la industria: The Golden Trailers Awards y The Key Art Awards.



En los Golden Trailers de junio de 2011 ganó el premio principal “Red social”, así como el de “musicalización” y el "más original”, posiblemente porque tiene un coro con la paradigmática canción “Creep” de Radiohead e incluye imágenes del propio Facebook, pero quizás lo más destacable es su increíble dinámica: cuenta toda la historia (sin contarla) con escenas mínimas y diálogos directos, palabras justas, momentos indicados y un timing que podríamos calificar de grunge (además de que Jesse Eisenberg, después de “Adventureland”, haría ganar cualquier cosa en la que aparezca). 

Todavía hay más…


La cosa no termina ahí, hay categorías de todo tipo como “Romance”, “Video game” y hasta una que se llama la “Trashiest”, que sería algo así como el mejor trailer de la peli más “basura” o clase b (que no es lo mismo). Este último se lo llevó un film absolutamente desconocido, por supuesto, pero con un trailer de lo más cautivante: “Hobo with a shotgun 'Red Band'”. 




Mejor póster extranjero
Si con eso no alcanza, hay premios para los spots de tv (que son distintos de los trailers, básicamente más cortos) y para los posters de películas, fascinantes. Parece que en la industria poco queda sin premiación, quizás pronto el sindicato gastronómico consiga premios para los mejores platos del plató. 


Satisfacción (I can´t get no) 

Si ya a esta altura sospechamos que los trailers se las traen, no nos sorprenderá enterarnos de que Joe Dante (director de “Gremlins”) decía que la primera regla para hacer un trailer era contar el argumento de la película incluso aunque no fuera cierto. Esto nos da una pista para entender porque a veces podemos sentirnos un poco defraudados. 

Pero más allá del puro marketing, la desilusión puede llegar igual aunque la fidelidad se conserve. Y eso porque entre sus especificidades se cuenta una muy particular: en ellos es más importante lo que falta que lo que muestran. 

Para seducir, el trailer insinúa, convoca a la fantasía. Es que muchas veces lo que falta en lo que vemos es el anzuelo que despierta el deseo. Y de esa no podemos escaparnos, por más honesto que sea el trailer, la posibilidad de desear se sostiene en lo prohibido y en lo que nos falta. Desde ese momento, la promesa de satisfacción en la que se convierten nunca será plena y totalmente colmada. Menos eterna. 
Pobres trailers, siempre pueden traicionarnos aunque no lo pretendan. 


Más info: 
- Daniela Kozak: “Segundos de fantasía” en Lamujerdemivida Nº 51

lunes, 15 de agosto de 2011

Castillos en el aire

Por Juan Pablo Duarte | Cine

El barro no permite asentar buenos cimientos, pero hay momentos en que es ése el único terreno que el mundo tiene para ofrecer. Entonces aparece la tentadora posibilidad de edificar castillos en el aire. 
El cómic, ese elemento mítico de la cultura de masas, debe su origen a la empantanada economía americana de los años treinta. En un país tambaleante, dibujantes creaban mundos de fantasía y miles de lectores los devoraban con fascinación. 
Por aquellos años, transcurrió la Edad de Oro del cómic. Jerry Siegel y Joe Shuster creaban desde DC Cómics a Súperman, el primer superhéroe de la historia de la humanidad, y las editoriales les pedían más y más de estas criaturas. 

Algún tiempo después, Jack Kirby y Joe Simon creaban el Capitán América en tinta y papel. Estados Unidos, que aún no se recuperaba de la crisis económica, ahora tomaba parte en la Segunda Guerra Mundial agudizando sus problemas de desempleo y pobreza. Ningún terreno hubiera sido mejor para aquella historia sin demasiadas pretensiones, que se leía fácilmente y prometía un buen refugio en la fantasía por solo 10 centavos. 
Aquél primer número de marzo de 1941 vendió ochocientas mil copias. El Capitán América fue un ingrediente esencial para que Timely Comics, la editorial de Martín Goodman que luego pasaría a llamarse Marvel Comics, viviera su momento idílico. 
Hoy, luego de crisis y recuperaciones más o menos cíclicas, Marvel Entertainment hace estallar la taquilla en los cines de todo el mundo, con la historia del origen de este superhéroe patriótico.

Cocido a fuego fuerte

La faceta humana del superhéroe, Steve Rogers, crece en La Cocina del Infierno. Este lugar, a diferencia de los espacios netamente ficcionales que pueblan los comics, tiene existencia real y antes de formar parte del circuito turístico de New York tuvo una reputación, una mala reputación: era conocido desde finales del siglo XIX como el más bajo y sucio de todo el distrito de Manhattan.
Por si fuera poco, Steve queda huérfano de niño. Es menudo y débil pero aguanta todo; es noble y decidido, tiene coraje y no retrocede ante la adversidad, pero con eso no alcanza para superhéroe. Cierta tozudez y arrojo forman parte de las características humanas que no abandonarán a Steve y lo pondrán en riesgo a cada momento haciéndonos temer por su suerte. Pero, para que la historia perdure, tenía que pasar algo más, algo que lo hiciera “super”. Después de todo, el pibe tenía madera, así que uno de los científicos del Ejército de Estados Unidos, el Dr. Abraham Erskine (Stanley Tucci), lo transforma en super-soldado administrándole un suero.
Del otro lado del atlántico, el Capitán América despacha soldados nazis sin arrugarse el traje. Red Skull (Hugo Weaving, el malvado agente Smith de Matrix) es el único que le da batalla. Él también tiene poderes sobrenaturales, es muy inteligente y quiere dominar el mundo.
Al igual que el Capitán América, Red Skull tiene un origen humilde. Creció huérfano, pobre y dueño de un infinito resentimiento. Hitler lo saca de su trabajo de botones de hotel para habituarlo a los quehaceres del mal. Luego adquiere habilidades sobrehumanas a través de procedimientos semejantes a los que se somete Steve Rogers. Ambos son individuos peligrosos. Ambos son un producto de la ciencia. Uno representa el bien; el otro, el mal.

No es necesario decirles quién gana, lo que resulta llamativo es la atracción que genera hoy una historia tan simple. Su éxito en los cuarenta se atribuyó a las virtudes propagandísticas que adquiría el personaje en el contexto de la Segunda Guerra Mundial; quizá se diga que el de hoy se debe al 3D.

La fórmula del éxito

Los más de sesenta millones de dólares que la película recaudó a unos días de su estreno en EE.UU y el gran éxito que está teniendo en Latinoamérica, conduce a repensar un poco acerca de la eficacia de este tipo de relato. El mundo es otro, la dirección del film y los efectos visuales están lejos de ser excepcionales y sin embargo el público responde.

Que gane el bueno y que lo haga en nombre de los más elevados valores humanos, que el malo sea fácilmente identificable y, en definitiva, que exista alguien capaz torcer el rumbo de las cosas para que sean como imaginamos que deberían ser, es una fórmula cuya eficacia puede a veces prescindir de la creatividad y el talento quien la ponga en práctica.
Con el tiempo, la arquitectura de los cómics fue complejizándose hasta tornarse laberíntica. Además de la Edad de Oro, el cómic conoció otros periodos. La Edad de Plata, con nuevos superhéroes y universos narrativos. La Edad de Bronce, en los que se mostraba la fibra social y las angustias de estas criaturas indestructibles. Finalmente llega la Edad Moderna con ese mundo en el que el bien y el mal se entreveran inextricablemente dando origen a Superhéroes tan complejos y geniales como aquel Batman: The Dark Knight Returns acuñado por Frank Miller.


Capitán América “El Primer Vengador”, elude todo esto y vuelve al origen, siguiendo el ejemplo de aquellos primeros comics books. El film no plantea complejidad, originalidad ni innovación, simplemente edifica el castillo en el aire que estamos acostumbrados a recorrer y en el que no corremos ningún riesgo de extraviarnos.

martes, 26 de julio de 2011

La última de Carpenter: Atrapada


Título Orginal: The Ward
Título en español: Atrapada
Año: 2010
Paìs: EE.UU
Director: John Carpenter
Reparto: Amber Heard, Mamie Gummer and Danielle Panabaker
Género: Horror - Thriller Duraciòn: 88 minutos

Sinopsis: Una chica fugitiva quema una casa y es internada en un neuropsiquiátrico en el que junto a sus compañeras de sala (la machona-provocadora, la víbora-seductora, la niña-autista, la buena-con-los-pies-en-la-tierra) se enfrentará a un fantasma de mujer (que siempre dan más miedo) y, mientras todos saben algo, ella deberá intentar escapar y develar un gran misterio que la involucra.

Carpenter juega en la B


Por Georgina Vorano | Cine

John Carpenter
The Ward es el último film de John Carpenter, director norteamericano que en los 80 formó parte, junto a David Cronenberg y Wes Craven, de lo que se llamó las “tres C” del cine de terror moderno. Esto responde a que Carpenter es una marca registrada del cine Clase B, que reúne películas realizadas con bajo presupuesto, actores no reconocidos o en decadencia, y se asocia comúnmente a producciones de baja calidad. 
Es innegable que en la mayoría de las películas de terror los actores son desconocidos, de relativa performance y suelen estar llenas de clichés, lo cual identifica casi totalmente al género de terror con el cine Clase B. 


Por qué siempre lo mismo 
Nos iluminó Quentin Tarantino quién -aparte de tener un nombre magnífico-, dice que para hacer una película de género hay que adaptarse a sus exigencias, lo que implica que ciertos hechos y condimentos tienen que estar, siempre: algún personaje sobrenatural o maléfico, víctimas, héroes o heroínas, penumbra, soledad, música espeluznante, algo de crueldad o locura y evocaciones ominosas en colores pasteles. 
Tarantino asegura que los géneros son géneros porque permiten previsibilidad, y eso está bien. De ahí que comúnmente los directores de género no se caracterizan por ser originales, con estilo ultrapersonal o genios de la inventiva, sino maestros. Maestros en su oficio, que no hacen nada nuevo pero que lo que hacen lo reproducen a la perfección.

Cuando lo berreta se vuelve cool 
Si el Cine Clase B surgió alrededor de los años 30 como una respuesta de los estudios de Hollywood por la baja audiencia posterior a la caída de Wallstreet (maximizar beneficios a menor costo), ¿cómo es que con el tiempo algunas películas, como “Halloween” del propio Carpenter, se convirtieron en obras de culto? Quizás la canonización de los géneros menores, como el policial en la literatura, y dentro de ellos algunas obras, no se produce por combustión espontánea. Al contrario, parece ser necesaria la mirada de ciertos autorizados de la cooltura cinematográfica –es innegable que Tarantino es lo más cool que hay- que señalen sus virtudes, sus razones o su extraña belleza. 

Carpenter again


Por Juan Pablo Duarte | Cine


The Ward (Atrapada) es la última película Jhon Carpenter, director emblemático del cine de terror moderno, que presenta a nueve 9 años de su último estreno. Entretanto, estuvo participando como director de uno de los capítulos de Masters Of Horror (titulado El Fin del Mundo en 35 mm), la serie producida por Mick Garris y emitida por Showtime entre el 2005 y el 2007.
El film no dice nada nuevo, lo que por cierto lo hace un buen exponente del cine de género. Antes de comenzar la película sabemos con bastante exactitud lo que va a suceder, pero esto no impide que nos asustemos y temamos por la suerte de nuestra alterada heroína en un horroroso neuropsiquiátrico.

Chicas de última 
Carpenter elige enmarcar su historia en la variante slasher del cine de terror, así que hay que prepararse para un personaje aterrador que vaya despachando una a una a las internas que acompañan a la protagonista. Si, es verdad, siempre lo mismo. Se trata de chicas frágiles que se la pasan huyendo de una criatura que no cesa en su tarea asesina, le hagan lo que le hagan.



No le endilguen la responsabilidad al bueno de John, él no puso las reglas, sólo las siguió con la pericia de un maestro del horror. Hasta que no suceda algo que haga variar las estadísticas, el público mayoritario de películas como The Ward seguirá siendo masculino. Por anacrónico que nos parezca, los hombres aún no nos amoldamos del todo a la idea de que un protagonista de nombre Jhon o Bill se pase hora y media gimiendo de terror en la pantalla. Por ese motivo, preferimos dejárselo a una chica que, en la medida de lo posible, se masculinice de súbito al final y le flor de biaba a eso que se obstina en asustarnos. 
Si les interesó este último tema, les recomendamos buscar material sobre la teoría de la final girl de la semióloga y medievalista de la Universidad de Berkeley Caroll J. Clover, especialmente su libro Hombres, Mujeres, y Motosierras de Género en la Película de Terror Moderno.