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martes, 2 de noviembre de 2010

A Víctor Brizuela


Martes 24 de noviembre de 2009

Lo único que importa a veces es la lealtad que le debes en la vida a los que te siguen. Algunos necesitan años para comprenderlo, otros lo aprendieron. La hazaña de vivir para algunos fue dura, pero lo sobrellevaron con total libertad esencialmente suya. Algunos nunca ignoraron la poderosa atracción de sus raíces. Tal vez una época feliz se acabó, pero la satisfacción de saber que siempre hubo una mano abierta, alguien que vació su corazón, creo que ha sido suficiente, más que cualquier búsqueda que se haya emprendido. 
Escuchar radio a veces es una manera de definirnos a nosotros mismos, y es así cuando encontraste un amigo. Toda nuestra vida tiene tiempo. Cuando perdés buscás, cuando encontrás querés, y cuando querés comenzás a nunca querer olvidar. Algunos construyen su propia visión de este mundo, otros te entregan su alma y su correspondencia, algo que escapa al desencanto, un instante radiofónico mágico y placentero. Así, hoy olvidemos por un rato que estamos atrapados en un torbellino que hace y deshace los acontecimientos, y nos dejemos brillar recordando esos momentos enormes y fantásticos como una reliquia de un tiempo que no vamos a olvidar.

17 de noviembre

Alguien entra a un río dispuesto a refutarse, otro trastabilla, otro pierde el pie y otro es arrastrado por el agua. Otro hombre será hallado en un lugar al cual nunca entró. Mañana, todo consuelo estará lleno de lugares comunes. Somos de una manera estrepitosa, como un avión de madera y un salvavidas de plomo. Hundimos a quien amamos en la profundidad gelatinosa de las palabras que no nos convencen, somos como el fuego que quema al mensajero, la desventura simple agigantada por un empacho, una sabiduría santa llena de parches y remiendos. Así se fueron envueltos en la oscuridad, así escaparon para partir de tanto mal. Nosotros, hechos astillas, somos desde entonces el empujón final a una piedad con sobrepeso. En mi memoria reposa erguida la luz de la mañana, una imagen que entra una y otra vez en mí. No quise decírtelo, no. Buscando el azar, una profunda necesidad de aclarar todo me cautivó. No tuve tiempo, no comprendí al comprender que yo habia viajado a lo largo y a lo ancho de muchos tiempos diferentes.

4 de noviembre

El suelo esta embebido en tu nombre, bajo este suelo cruel del mediodía, sólo para sacar a su dueño afuera. No hay madrugada dolor ni homenaje que hubieras aceptado darme algún día. Otras cosas podrían haber habido, pero hoy sólo quiero verte como la lluvia del mundo sobre la tierra que nunca recibió bautismo ni bienvenida. Habiendo vivido todo lo que viví y habiendo bebido todo lo que bebí, habiendo vivido todo lo que me pasó y no me tocaba, he sabido soltar para mi bien y para mi mal algunas cosas para mi deleite o sorpresa. Debo decir esto mientras me voy terminando, que me voy a quedar por ahí, para deleite de quien se queda en un final. Ser uno el que se finaliza es tal vez la peor parte del final, que no por ser muy advertido debería ser menos estrellado. Por eso, por pena, por mérito, quiero que me develen el final, la perfección anticipada, la clave de claves, para conocer la perfección de un momento insuperable, como si a cada rato me quitaran la certeza de saber donde quedaste para siempre o si vas a reaparecer hacia el final a donde, estoy seguro, sólo hay sombra y ni una mísera vela para leerte.

10 de noviembre

¿Qué han hecho de nosotros? ¿Qué es lo que asoma quebrado en el horizonte? Silencio sobre el polvo, silencio. Cae la lluvia y la música lejana sobre la ciudad. Fue tan fuerte la noche que en estas ciudades de voz dormida se levantó y murió mil veces mi corazón. Si huía o no para siempre, es algo que ella nunca sabrá. Ella que nunca lloraba ni reía entre tanta oscuridad, el pibe de quien habla caminó la ciudad pasando el río, no entró en su casa, se quedó en los bares. De a ratos lloraba, a ratos reía, como ella, como quién tiene la espera de los siglos de los siglos. Tendremos que esperar en las sombras, renacer en cielos de herrumbre, que cada amanecer sea un pecado. Como un pan. Como en la noche en que fuiste a buscarlo y reías con los ojos en blanco. Cruzo mis dedos evaporándose en la noche. No estas.

Uno

Ellas avanzan en círculos y no es la música la que las recibe, son sus milagros los que se trenzan. Bailan abrazadas por los amarillos los violetas y los rojos de sus sonrisas, dueñas de tierra que no tocan. De ellas salen las hojas y las noches como planetas que andan sobre su sombra. Miralas irse, sobre el sonido de sus risas, no son ellas quienes cantan y sin embargo sus canciones las hacen reír con la boca cerrada. Ellas conocen el hambre y los frutos, hilos de oro corren por sus cuellos, la siesta y sus pecados; son las únicas que pueden ver la muerte de todos ya que nos pueden mirar de frente. Es así porque no conozco cómo es vivir sin ellas. Dejo hacer a mi vida, su futuro, su digestión, porque no conozco las formas de despedirme de ellas. Hago vibraciones, mejoro el silencio, vuelvo a flotar en sus aguas, trago sus líquidos.

Dos

La vida es un doble ojo que se inclina para mirar a pique un mundo pleno, la vida que no se alquila, un libro que respira e imprime lo que continúa, lo que sigue. El nuevo día es un contrato no leído, cerrado, la vida que no termina, un minuto a su favor que se cobra, un minuto a plazo fijo, un postizo por un tiempo, algo que te alumbra bajo techo. Alguien se inclina e inicia una aventura, un renglón que se consume y mira su día, su punto ciego, el día que termina, una hora menos. Sólo es cierto lo que es verdad, lo que no sale, lo que no se guarda. Un patrón que mide la verdad percibida o lo que sólo es cierto. Un aplauso para aquel que transgreda la voz serena, la mordaza amarga; un aplauso para aquel que pudo abrir el día, cuando retumban palmadas para los insectos, para los que malinterpretan las palabras, los que duermen afuera, los que no sonríen, los que dan vida sin ser dicha y para los que se despiden como quien duda qué día se debe seguir viviendo.

Tres

Los que hacen terapia de grupo para ascender a los cielos, los que se despiden sacándose fotos, los que adoran las salidas de emergencia, los que aman los aterrizajes, los que beben agua una y otra vez, los que se excitan con las promotoras, los que limpian el amor con papel tissue, los que hacen dibujos en sus agendas, los que sueñan con agua, los que abren sus alas, los que rezan frente a las iglesias, todos ellos van a caer en pocos minutos sobre un lugar donde las moscas aprenden a volar. Esta noche es de vidrio, una transparencia árida, un cristal agrietado. La noche reposa entre la sed y lo que no se nombra, la noche ha vaciado la luz, como una planta carnívora. Esta noche es de vidrio, nadie se va a posar sobre ella. Hemos festejado por eso el desorden y las manchas. Algunos huyen dejando las palabras sin abrir. Después de muchos años creemos en la ecología, gracias a los noticieros. Ahora quedamos pocos, limpiamos mientras festejábamos y todo parecía quieto. Volvimos a nacer. Así.

Uno de nuevo

Yo me encontré a mí mismo en la esquina del tiempo. No quise dirigirme la palabra en venganza por todo lo que me he hecho con saña. Me seguí de largo y me dejé hablando sólo con gran resentimiento. No amo lo que no tengo, su lugar abstracto es inasible, pero aunque me suene mal daría la vida por diez lugares tuyos. Cierta gente, ciertos puertos, ciertos bosques. Una ciudad deshecha, varias figuras de la historia, montañas y tres o cuatro ríos. Bajo este mínimo imperio que aún no se ha caído, se derrumban los días, la fe y las previsiones. En el último lugar, la destrucción se sacia en en ciudades extintas; la tierra baila y la lluvia extingue las risas como relámpagos. La noche deja su veneno, las palabras se rompen contra el aire. Nada se restituye, nada se otorga. El agua del destierro sucede a los días y a los huesos que vuelven a buscar sus alas.

8 de setiembre

Voy para atrás y el envión va en busca de lo más profundo, y leo promesas que no se opacan y no se alientan ni una vez. Transforman su espera en un letargo al borde de la inmensidad. Poco cuentan los minutos y las horas, los días y las lluvias. Y siguen ahí, en la suspensión que remeda el infinito, por si acaso se diera de repente el tiempo fluido que se hamaca en un oleaje líquido y ofrenda su tributo a la paciencia lenta del que mira este día. Apenas sube el sol al horizonte, de costado al agua. La luz se despereza en los movimientos del día, se encuentra con la altura y sus convulsiones limítrofes. Suenan las veredas desusadas en que algún cualquiera pueda pararse y ver sin paz y sin memoria o, de lejos, ver las noches plateadas y las nubes celando al cielo como un espíritu antiguo. Yo te espero en cada esquina, mis pasos apuran por temor. Brota de tu mano dura. Me pregunto dónde te metiste, en qué lugar se agranda tu corazón de fantasía. Despierto brevemente. Miro hacia adelante.

¿Por qué vuelve el sueño una y otra vez?

¿A qué viene tanta insistencia? Será por eso, lo que dicen las cartas, eso voy a hacer. Que las montañas vayan a él o yo vaya a ellas. Tal vez vengan en mi mente perturbada hacia la nada. ¿Y qué pasa con tanta fiebre? ¿Será por lo de aquella vez? Los signos más claros son confusos, voy con la vista clavada al pavimento. Lo siento así. Por este lado no hay pena aunque lo más sombrío son los usos, la manera en que se descargan las palabras y las gargantas y me pregunto qué quiere decir tal o cual cosa. Aplastada la luz, nada garantiza la gentileza del retorno. Nunca hubo suficientes curvas en la lujuria y yo sin embargo soy el que no soy. Suelo embeberme en los días con incierta exactitud. Sólo nunca sabemos quién está corriendo y quién está detenido. Algunos se atrapan en el día y este los acosa y los obliga a mirarse en el espejo.

Cegado por los colores

El color blanco que pasa, el ojo borrado por una aguja. La verdad se dice, se revuelve, se adelgaza y nada un instante en la corriente. La verdad tiene vientre de amapola y sed de río. La verdad ata a las nubes y arrastra las sombras al vacío. La verdad dice que cosecha el cielo y ofrece su fruto a las estrellas. La verdad despierta en el silencio con su luz, la verdad ilumina a los que callan y apaga a las voces que hieren. 
Era mediodía y los hechos estaban incrustados en los pliegues en su memoria transparente. Todos callamos para escuchar al sol revolcándose entre las hojas, en los papeles que corren por el suelo. De esas historias solo quedó un comienzo y un lugar, un lugar donde no hay y los amores se amontonan. Hay una promiscua voracidad, un pasado continuo, una tortuosa vida póstuma; un campo que no hay, un aire que no hay, un agua que no hay, y una vida que viven algunos que no hay.

Una ciudad que me apaga

Aunque la ciudad se aleje como un río y yo sin saber que pierdo para siempre, no hay que aceptar las derrotas o los olvidos en un café amargo o en una casa vacía. Contradiciendo en todo a las manos de la noche y el hambre del transmundo, alcanzo caminando sobre los viejos sueños que maduran como un dios pobre y dicen ser el sol. Es hermoso ser el agua o el pez, el cielo o las nubes. Es hermoso contemplar todo el día, ser el árbol o el fruto, lo simple o lo complejo, la recta o el círculo. Feliz siempre en cualquier parte, ser el pié o el camino, ser un diente o la risa, ser un hombre, ser todos los hombres. Las huellas que dejamos parecen mensajes, antiguos forajidos en el tiempo. Al finalizar este día, las palabras nos recibiran en la noche profunda de las calles.

Las horas

Las horas giran alrededor de los sueños. Los días con vientos, las tardes con ojos de vidrio que se caen a través de un mundo donde la memoria es un programa de televisión. Alguien perdió sus ángeles. Los perdió en un asiento de un A3, los olvidó, quién sabe. Desde entonces, ellos fuman, toman cerveza y juegan al poker. En las noches, por ahí anda alguien desangelado, con un manojo de tristeza en el bolsillo y estos pibes, a quienes ya les está creciendo la barba, quieren redimirse y volver a casa. Ver el funcionamiento precioso del día, existir a través de las horas. Alguien dice que puede ser tigre, arroz y río al mismo tiempo en un poema oriental. Una mueca de satisfacción, una ráfaga de frío, la sensación de sentirse extranjero sin nunca haber viajado. Todos lo sabemos. Algunos no. Miremos al cielo. Podemos sentir que las nubes están abiertas.

Sólo los nombres no han cambiado

"It's never over, all my riches for her smiles when i slept so soft against her..." Jeff Buckley.



Muriel
Hay un punto en el que una ausencia resuena. Hablo, como es obvio, del silencio. Hay un punto en el que resuena lo obvio de ese silencio. Es el ruido de esta lluvia acumulada en tus ojos, es la tibieza de tu respiración esfumándose de golpe por la irrupción fría de una pregunta que evidentemente a nadie le gusta escuchar y a la que respondiste "no vinimos a hablar de mí". El río de un final a la deriva en otro río, un río que esta noche no responde a ninguna llamada. Cuando te hablo siento que el mundo se cubre de plata y la tarde se vuelve brillante, pero ayer, en el momento de un último trago festejando tu cumpleaños sin vos, al levantarme y adivinar la fragancia de un perfume sin cuerpo, de un cuerpo sin color, de un río sin cauce, me cubrió la ebria fragancia de tu ausencia. 

Monique
Me temo que no ves nada. Tus ojos destejen la ilusión de querer, basta que te vean y no hablen de vos. Tu alma perdida se pelea en un túnel oscuro. La melancolía frota tu belleza y yo, en silencio, saco mis manos y en el aire me paseo como una momia sin pirotecnia. Daría en el silencio, en el vacío, en este momento. Una clase, un elogio invisible del cielo. Ahora que la electricidad no es pegamento, ahora que parece que todos podemos morirnos o llorar para siempre, ahora que el sol de mi risa es este, ¿qué más puedo pedir? Los días se unían a vos y nada interrumpía las poderosas decisiones de la naturaleza. Tus eslabones,

El surfer cordobés

El surfer cordobés espera su tanda para entrar en el agua. Es la mañana y las cosas están heladas (no es necesario tocarlas para saberlo). El sol brilla y los pájaros que parecen de metal cantan. En las mañanas de surf, varios chicos entran en los tubos, salen de los tubos, giran, cortan las olas para abajo, cortan las olas para arriba y saltan por el aire para caer del otro lado y esperar la siguiente serie. En redondo beach las cosas son distintas. Los body boarders no pueden deslizarse a través de las olas conquistadas por los surfers. Los surfers jóvenes no pueden interferir en el camino de los surfers viejos. Los surfers viejos no pueden pero igual te cortan con la quilla si no te metes bien debajo del agua, lo mas abajo que puedas. Y de vez en cuando aparece algún lobo marino, algun tiburon. No hacen nada, pero dan miedo. La piel del surfer cordobés tiene tristeza. Su mente helada nada y filtra a contrapelo la espuma verdosa. Su habla se pierde sola entre las olas pequeñas. Era una época brillante y decadente llena de sombras misteriosas y reflejos secretos, entre espirales de humo y tedio. El joven surfer cordobés vivía allí con una joven hermosa de Illinois, en un departamento de una sola habitación. Allí soñaba y cantaba sus sueños entre imágenes lejanas y embriagueces de humo. 

So long... junio

Cuando me muera seré un recuerdo vago. Tendré un hermoso vestido, aura, saldré de mí como un rey. Cumpliré mil años en la nada. Una vez que el tiempo se cierre, el tiempo hará su trabajo. Pasará el sosiego y quedaré al cuidado de dios, si hay dios. Y tal vez me transforme en una mariposa amarilla. ¿De dónde habrá salido este aire raro? ¿Y este espectáculo raro? Entre lo que fui y lo que soy ahora, alguna vez hubo algo en mi y ahora estoy en diálogo con alguien del que no hay noticia. Ahora duermo en desamparo, debajo del pasto, mezcla de altivez y lástima. ¿Está tan lejos todo? Lo material, lo táctil. Pero al fin de cuentas, me queda toda esta música.

Las horas

Mi amigo perdió la cuenta de los días, perdió los lunes, los martes, los miércoles y los jueves. Dejó para siempre la responsabilidad, la calma, el martirio, el cielo, las mañanas y, sobre todo, las horas. Ahora las abraza y las cuenta sólo, con sus manos. Las junta, intenta atraparlas y reza. Las vuelve a contar y ya las detiene. Las horas flotan en el aire, hechas de viento. Sus horas son por eso inmortales, duran en los días y en las pupilas de los ciegos, en los frascos de aire y en el dolor de los enfermos. Lo rugoso en él es el tiempo que aisló las ideas y la ejecución de las órdenes. Hizo que los primeros minutos llegaran antes que la luz, sin instrumento alguno que las guiara. Quizás el también se volvió inmortal y no lo sabe. De a ratos se toma la cabeza con las manos y me pregunta por el ojo del huracán, por los viernes y los sábados y los domingos que saltan de su cabeza como escamas. Ahora la noche lo piensa, la noche lo está pensando, y ella se desnuda de nuevo dentro de su pecho. .

Un pasaje a ningun lado

Te saqué un pasaje para que seas feliz esta tarde directo al downtown de mi corazón. De ahí te tenés que tomar un taxi. Hay once canciones por hora mas o menos. Son dos horas, pocos kilómetros pero por caminos y calles tan inclinadas que es normal que a veces vuelques. Dicen que a veces es un paseo esplendido. Estas canciones, estos minutos, son como bolsas que revoleamos contra un paredón. Tal vez sea objetivo o impresionista, tal vez me seas infiel, tal vez llegar a la sensibilidad sea sencillo. Lo difícil será encontrar el placer. Yo soy el que pierde la cabeza ya que nunca tengo que presenciarlo. Siempre voy a despreciar lo que te permite el anhelo máximo. Poder y placer. No soy tu gran admirador. Bien y mal siempre estoy ausente. Te sigo como un libro sagrado. No me interesa la lucha de clases, pero voy a abandonar por decadente a esta sociedad. Voy a desarrollar mis ideas en mi mente y, cuando carezca de afecto, voy a armar tal escandalo

So long june

En julio las cosas se encienden en este lado de la ciudad. Julio enciende nuestras risas de artificio, un recorrido que casi nunca llega a su final y nunca encuentra polvo, adioses o basura. Entre los grandes silencios y noches donde los chicos vagan sin sentido, ahí vas a estar mordiéndote los labios y desafiando los días grises que embisten autos y gente impasible. En el medio del año, en el medio de lo bueno y de lo malo, conversaremos sin mirarnos, hablaremos en voz alta, caminaremos al azar, nos detendremos en veredas dejando pasar los minutos y al tiempo rezagado. El tiempo que nos impulsa sin tacto ansioso por destruirlo todo. Nuestras miradas estarán inclinadas al piso y nuestras espaldas bordearan al viento en julio. Seremos dos caminando por nuestra ciudad. Como si supiéramos que todo termina, nos miraremos a lo lejos, tensos, esperando que desaparezcamos, que nos hagamos historia, que nos escapemos de los limites, que no nos veamos nunca más, y que ya no nos acordemos de julio. 

Tengo un dolor telaraña y una alegria asombrosa

caSi vive o si muere con mi sangre y algunas fotos amarillas, tendré que sepultarme y enterrarme para siempre bajo estos callejones, esperando como espero siempre los días de la sangre y las noches de la muerte. En cada carnaval queda un tendal de pibes tristes, y ahí estas vos y tus huesos soñando en una eternidad ronca, dándole una mano a las nubes y otra a las calles vacías y a mis dudas. Yo tenía mis días buenos y a cada uno le regalé un duende. Por cada mes de azúcar, venía uno de muerte. Odio cuando te gritan desesperadamente. Sólo nos queda la tierra, el espíritu, la soledad y esta botella que parece ser una mezcla hirviente. Las noches trágicas y las mañanas cristalinas me han doblado la sangre. Ahora viene el típico temblor que me arrastra al verano. Que se cumpla tu vida, que se cumpla tu suerte. ¿Qué va a ser de mi sangre si en tus días se pierde? ¿y de los soles por venir? ¿y de las hojas amarillas? ¿y de la tibieza de tu corazón? ¿y que va a ser de este crepusculo que nunca me miente?