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miércoles, 5 de junio de 2013

Hannibal: serie caníbal


Por Juliana Rodríguez | Tevé

Los psicópatas y asesinos seriales son el highlight de las nuevas series: Luther, The Killing, Bates Motel y The Following vienen marcando el rumbo del thriller psicológico en TV. Se suma ahora Hannibal, que le da una vuelta de tuerca más macabra (si es que se podía) a la imagen de Hannibal Lecter. La serie se centra en el personaje de Will Graham (interpretado con sutileza por Hugh Dancy), un asesor del FBI que ayuda a resolver casos de retorcidos asesinatos, básicamente porque tiene una extraña capacidad de hacer empatía con los les mentes perversas de los criminales. ¿Esa empatía es puramente mental, o parte de una tentación reprimida? Esa es una de las preguntas más interesantes que se abre a los espectadores.

Porque para controlar al joven Will, no tienen mejor idea que derivarlo a un psiquiatra con extravagantes apetitos: el doctor Hannibal Lecter, encarnado con escalofriante maestría por Madds Mikelsen (el malo de la película Casino Royale). Es justamente el nivel parejo y exquisito del elenco lo que diferencia a esta serie de productos menos logrados como la mencionada The Following. Porque mientras en dicha serie el único que se destaca es Kevin Bacon al lado de un villano que no asusta a nadie; en Hannibal, Lecter nos hace temblar de miedo como cuando éramos chicos y veíamos a la bruja de Hansel y Gretel. Y hay una sensación: si existiera realmente, este tipo podría servirnos como desayuno. Completa el casting Lawrence Fishburne, como el agente del FBI que de a poco descorre el velo de lo que sucede.

La atención al detalle en los climas oníricos, en la música, en la dirección de arte y vestuario y en el desarrollo de la trama hacen que Hannibal sea verosímil, tremenda, espeluznante. Y apta para espectadores con mucho estómago y pocos pruritos. 

La dan los miércoles, por AXN, a las 22.

martes, 7 de mayo de 2013

Mad por Mad Men


Por Juliana Rodriguez | Tevé

Volvió Mad Men. Volvimos a respirar aire de series. La ficción más sexy, inteligente, glamorosa y dramática de la TV ya está en el cable con su sexta temporada, que tuvo un inicio a la altura de su fama. En un comienzo de capítulo doble, Don Draper (el personaje que originó entre sus fans una nueva religión: el “dondraperismo”) está como pocas veces lo vemos: de vacaciones. En pleno Hawai, disfrutando unos días con su nueva mujer, empiezan a ocurrirle cosas extrañas.
La nueva temporada retoma la vida de Draper y sus compañeros en la agencia de publicidad, ya en la década de 1960, y se detiene en esta nueva etapa: de su socio Roger y sus búsquedas existencialistas (con un humor sutil), de su ex empelada Peggy y su pase a la competencia; de su compañero Pete (personaje más odiado que el mismísimo Joffrey de Juego de tronos) y sus crisis maritales. No queda afuera la ex mujer de Don, Betty, convertida en una ama de casa cada vez más oscura y demente; y de su nueva mujer, que busca crecer como estrella de TV.
Con todo esto, Mad Men sigue siendo una estrella en la programación de dramas, básicamente por sus dos personajes principales: Draper y su búsqueda incesante (de identidad, de paz, de éxito, quién sabe hay al final de su búsqueda); y la vida adulta de una sociedad que se está convirtiendo en otra cosa (en una sociedad de consumo, en una sociedad que no sabe que está por perder una guerra tremenda como al de Vietnam).
Pero, por sobre todas las cosas, Mad Men sigue haciendo lo que mejor hace: ser una serie en la que parece que no pasa mucho, pero en la que todo significa algo. En la que toda escena, mirada, plano y música de fondo hace sentido. En el que cada escena está por algo. Por eso la vemos con tanta atención.
Lunes, a las 22, por HBO.

lunes, 8 de abril de 2013

The americans: La guerra de los Roses

Por Juliana Rodriguez | Tevé

¿Se acuerdan de Felicity, aquella serie de finales de la década de 1990, creada por el por entonces no tan conocido JJ Abrams, que contaba la cándida historia de una chica de provincia que llegaba a la universidad y perdía la inocencia mientras conocía el mundo adulto? Bueno, aquella chica ruluda, interpretada por Keri Russell, se tomó una década para regresar, y lo hace ahora convertida en una heroína retro, violenta y con pocas pulgas. La actriz es la protagonista de The americans, uno de los estrenos que vale la pena seguir en este 2013. La serie está ambientada en la década de 1980, en plena Guerra Fría, en Estados Unidos, donde una pareja de espías de la KGB hace trabajos de inteligencia mientras vive de incógnito, bajo la fachada de ser una pareja americana feliz: están casados, hablan perfecto inglés, tienen hijos y llevan una aparentemente apacible american way of life. De día, son padres inofensivos; de noche, temibles espías. Mientras, su vecino es nada menos que un agente del FBI que, oh casualidad, investiga los casos de infiltrados soviéticos.


La serie tiene varias virtudes. En primer lugar, el elenco. Keri Russell sorprende con su papel de madre abnegada-Mata Hari astuta y de armas tomar (las escenas más violentas las protagoniza justamente ella); y Matthew Rhys, que interpreta al esposo, construye a un marido ejemplar y a un sutil agente del caos, que se permite dudar sobre sus convicciones patriotas. Se suma una recreación moderada de la década de 1980, que no se deja seducir por la mera nostalgia kitsch de aquellos años, y que construye un verosímil contexto a través de la música, los autos, la ropa o la recreación de la vida civil.

Cada capítulo se enfoca en un caso distinto, pero la continuidad está dada por el avance en la relación de ambos esposos “políticos”, que recién ahora y tras dos hijos están empezando a evaluar la posibilidad de ser una pareja “real”, detrás de la fachada. Y a pesar de tener episodios que concluyen en sí mismos, hay un cuidado para incluir cliffhangers que atrapen al espectador. Hay estereotipos, claro, al fin y al cabo es TV y cumple ciertas normas de popularidad, pero eso no quita que, hasta ahora, sea una modesta pero certera apuesta. La dan los lunes, a las 23, por el canal FX. Hay que verla.

viernes, 15 de marzo de 2013

El lado B de Kevin

Por Juliana Rodríguez | Tevé




¡Volvió Kevin Bacon! El chico lindo de Footlose, el actor consagrado de Río místico, el protagonista del juego “Seis grados te separan de”, el que le vendió el alma al diablo y está igual igual ahora que en los ’80. Con toda esa trayectoria, recién ahora se animó a protagonizar una serie de TV, “The Following”, el arma secreta con la que la cadena Fox arrancó la temporada 2013. Pero no es el mismo Kevin que crecía con amor hace 30 años. Su personaje ya no es el del yerno ideal, sino el de un antihéroe que tiene una construcción interesante. Es en la serie un ex agente del FBI que derrochó sus mejores años persiguiendo a un asesino serial, hasta encarcelarlo. Pero la caza, como a todos los detectives obsesivos de la ficción, le costó caro: una tendencia a empinar el codo, una melancolía que no lo abandona y un problema cardíaco severo.


Cuando todo, finalmente, parece estar en calma, el asesino en cuestión, desde la prisión, se convierte en una especie de Charles Mason de la tecnología y las redes sociales y comanda a todo una troupe de psicópatas como él a quienes envía a cometer crímenes por todo el país, inspirados por la lectura compulsiva de las obras de Edgar Allan Poe. El terror de Estados Unidos es llevado al extremo: qué pasaría si todos esos locos sueltos dejan de actuar de manera individual. Una especie de “si nos organizamos, matamos todos”. 

La serie tiene los ingredientes de todo policial clásico: un asesino inteligente, de elegancia literaria, un policía obsesivo, y un vínculo entre ellos que ya es personal (el personaje de Bacon, de hecho, tuvo un affaire con la esposa del asesino). Y si bien la TV se permite algunas escenas crueles y un poco de sangre que no es ATP, la serie no termina de convencer. El asesino no asusta a nadie (James Purefoy no fue una elección de casting feliz), la trama tiende a repetirse, los crímenes los vimos mil veces en películas mejores y el thriller psicológico (después de Hannibal Lecter) no es creativo. En los capítulos que se vieron hasta ahora, salva la serie Bacon, que le pone todo al papel que le toca, y se nota. Habrá que darle una chance más. O dejar que los psicos se maten entre ellos.

The Following. Los jueves, a las 23, por Warner Channel.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Alcatraz. Presos para siempre.

Por Juliana Rodríguez | Tevé
Después de la decepción causada por la nueva serie de J.J. Abrams, Person of interest, este año estrenó su segunda apuesta: Alcatraz. Como enPerson, la idea es fuerte y combina una trama de ciencia ficción con subtramas que indagan lentamente el perfil de los personajes principales. Ahora, la isla es otra, la de la famosa cárcel a prueba de huidas. Sólo que los prisioneros de 1963, en lugar de cavar en busca de su libertad, se escaparon por un túnel del tiempo. Todos aquellos internos que estaban alojados allí desaparecieron misteriosamente en esa época y reaparecen en la era actual, con la misma edad y las mismas ganas de cometer crímenes.


La historia se cuenta desde la mirada de una detective que investiga el caso (Sarah Jones, con una historia clásica: su padre era policía, ella tiene un Edipo no resuelto y tomó el mismo camino, es un poco hosca y no tiene vida social). Quien la ayuda es un creador de historietas, un nerd que recuerda al vendedor de comics de Los Simpsons. Diego Soto (interpretado por el gran Jorge García, el Hugo de Lost) obsesionado con la historia de Alcatraz y autor de un libro sobre el tema, termina colaborando en la investigación, en calidad de experto. La relación entre ambos comenzará a convertirse en amistad, con confesiones incluidas, mientras lidian con el jefe de la investigación, un policía interpretado por Sam Neill, que casualmente trabajó en Alcatraz cuando era joven.


El acierto es que cada episodio plantea un caso distinto, un nuevo preso que llega al presente y hace de las suyas, al que hay que atrapar investigando en los archivos de los ‘60. Pero ese esquema se repite en cada episodio de manera tan similar, que probablemente termine siendo el punto débil de la serie. Queda por apostar a los misterios no resueltos aún: ¿Cómo y por qué viajaron en el tiempo? ¿Cómo está involucrado Neill en eso? ¿Qué esconden de su pasado Soto y la detective?

¿Vale la pena detenerse en Alcatraz? La respuesta es sí, vale la pena ver al menos los primeros capítulos, hay una buena idea, misterio y calidad, aunque actuaciones un poco naif, y un esquema repetitivo. Aunque cuesta imaginar una segunda temporada interesante si la historia no da algún giro. 

Alcatraz. Los lunes, a las 22, por Warner.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Balance 2011

Por Juliana Rodríguez | Tevé


Año raro este para las series de tevé. Hubo grandes anuncios, grandes producciones que decepcionaron, pero también pequeñas sorpresas inesperadas. Fue un año de una ausencia irreparable (la de Mad Men, que regresa recién en 2012) y en el que algunos géneros tuvieron su fiesta propia (la ciencia ficción, el thriller, la épica), mientras que otros, su época de vacas flacas (la comedia, el drama familiar).

A continuación, un caprichosísimo balance de lo memorable de 2011 y lo que es preferible olvidar. Un repaso por los menúes con los que la TV alimentó maratones de horas de ocio.



3 estrenos sorprendentes 3
Game of thrones.
Game of thrones. La empresa de filmar una serie sobre la saga del escritor George R. R. Martin equivale en TV al desafío monumental de Peter Jackson con El señor de los anillos en el cine. La serie tuvo una producción impecable y nos recordó que las aventuras de espadas y dragones son indispensables para vivir en un mundo sin ninguna de las dos cosas. 

The Killing. Después de la misteriosa muerte de Laura Palmer en Twin Peaks, ninguna otra chica asesinada nos interesó tanto como esta. The Killing volvió poner en pantalla un policial intrigante, severo, bien contado y terriblemente adictivo. La actriz Mireille Enos es tan buena como lo fue Helenn Mirren en Prime Supect. Un detalle: es una remake de una serie danesa. ¿Ya están faltando ideas en la TV? 

Homeland. Cuando el año casi se termina, llegamos a Homeland, otro thriller en el que la historia del miedo de EE.UU. a los árabes se invierte: los terroristas ya no usan un pañuelo palestino, sino el uniforme de los marines. No son los otros, son los de adentro. Claire Danes se pone la camiseta en una serie para degustar de a poco, que requiere del espectador la atención de quien arma un rompecabezas. Otro detalle: también es una remake. 



3 decepciones 3

Terranova. ¡Cuánto dinero malgastado! Spielberg aprovechó el set que le quedó de Jurassic Park y se mandó con este dramón de acción y ciencia ficción sobre una familia que viaja en el tiempo a la edad de los dinosaurios. Los efectos no están mal, pero la historia es sentimentaloide y ñoña como los Ingalls. Una pena.

Falling Skies. Otra producción de Spielberg, de otra familia que lucha contra la adversidad, sólo que en vez de dinosaurios son extraterrestres monstruosos. Inversamente proporcional a la brillantez de la película Super 8, Falling Skies también peca por ingenua, lenta y previsible. Además, no le llega ni a los talones a The Walking dead, aunque la trama sea tan similar.

New Girl. Todas nuestras fichas estaban en la nueva comedia con Zooey Deschanel. Pero ni sus encantos (de los cuales abusa esta historia) remontan esta comedia sobre una chica que comparte piso con tres nuevos mejores amigos varones. Sosa, predecible y noventera, el carisma que le sobra a Deschanel le falta a los demás actores. Como hacer Friends, 15 años después.


3 personajes 3

Tyrion Lannister.

Tyrion Lannister. El pequeño gran actor Peter Dinklage se quedó con todos los premios por su Tyrion Lannister de Game of Thrones, el heredero enano de una familia poderosa, que en épocas de espadas se defiende con la inteligencia y una lengua mordaz. Sus diálogos, su actuación y su estilo son lo mejor de la serie. 

Walter White. Si Breaking Bad sigue siendo el gran drama del año (no lo incluimos porque no es estreno, va por la cuarta temporada) es porque Bryan Craston es un actor de la hostia y porque su personaje adquirió una densidad increíble. La transformación de un profe de química en un dealer de grandes ligas es para el póster. 

Charlie Sheen. Sheen, no Harper, porque Sheen es un personaje en sí mismo. Sus excesos este año, su partida escandalosa de Two and a Half Men y su actitud de 24 Hour Party People mientras mandaba a la industria a cosechar papas fueron lo más entretenido del año. Su reemplazo, Ashton Kuther, no se quedó atrás. 


3 deudas 3

Series estrenadas este año que no llegamos a reseñar pero que serán las primeras en serlo en 2012: Enlightened, Suburgatory y American Horror Story.

3 orgullos 3

La Purga, Edén y La 40, todas emitidas este año por Canal 10 y más cordobesas que la Mona Jiménez, el Mono Silvio y el choripán El Dante, demostraron que, con un poco de apoyo, hay ideas, gente capacitada, calidad y ganas de trabajar. Y tres series para orgullo local. Ellas son la mejor manera de cerrar este año, hacer un brindis y esperar por más. Salud.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Homeland: Jugando al desconfío

Por Juliana Rodriguez | Tevé

Homeland es una de esas series que si no te recomiendan, probablemente ni te molestes en ver. Es una de esas ficciones que, después de ver el primer capítulo, si nadie te insiste en que continúes, probablemente no seguirías. A veces, hay que escuchar los consejos. Porque si le das tiempo y le dedicás paciencia, desenredás el thriller que te cuentan con tono austero. 

Claire Danes es Carrie, investigadora de la CIA asignada a tareas antiterroristas. Es joven, soltera y tan adicta al trabajo como a las pastillas. Detrás de esa adicción, hay una bipolaridad que se asoma. Damian Lewis es Nicholas Brody, un marine de EE.UU. que fue prisionero durante ocho años de Al Qaeda y que acaba de regresar a su hogar, después de que todos (incluso su familia) lo dieran por muerto. Pero Carrie cree que en ese lapso, Brody se convirtió al islamismo y es un espía de Al Qaeda, que regresa para perpetrar un atentado. 

La historia sigue a estos dos personajes, y la clave del guión es que el espectador nunca tendrá demasiada información. El público, como Carrie, pasará de la desconfianza, a la credibilidad, a la paranoia. Relatada con parsimonia, la serie cuenta con dos excelentes actores y secretos develados a la velocidad de un reloj de arena. ¿Ella está en lo cierto? ¿Es una paranoica? ¿Él es un espía o sólo un soldado torturado? Esas preguntas son las que despiertan el mecanismo de ver un capítulo tras otro. Son 12. Y se degluten como azúcar. Hay que verla. Eso sí, estando muy despierto.


Acá va el trailer:




Por el momento, sólo podemos verla en la web.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Como los Ingalls, pero con dinosaurios

Por Juliana Rodríguez | Tevé

Así, como los Ingalls pero con dinosaurios alrededor de la casa en la pradera, esa es la mejor definición de Terra Nova, la nueva serie que viene (como Falling Skies) con el sello de marca de Spielberg, productor detrás de este mega proyecto de costos millonarios. 
La historia, brevemente: en un futuro sórdido en el que la humanidad corre riesgo, algunos pocos elegidos pueden hacer el viaje a una tierra prometida. Pero el viaje no es a otro lugar sino a otro tiempo, al de los dinosaurios. Hacia allá parte la familia del policía Jim Shannon, integrada por él, su mujer médica y sus tres hijos, dos adolescentes (que parecen tener casi la misma edad que sus demasiado jóvenes padres) y una niña. Como si hubieran aprovechado el set de Jurassic Park, la serie tiene una apuesta fuerte a los efectos especiales, los dinosaurios de todos los colores, y los paisajes, impecables. También a la acción. Pero la historia principal es la humana, la de la “familia unita”, que se acostumbra de a poco a la nueva comunidad prehistórica, rodeados de otros exiliados del futuro como ellos.



La idea de Terra Nova es buena pero falla: en la abundancia de clichés, en la pacatería de la historia, en el sentimentalismo edulcorado de su trama. Van cinco capítulos y aún quedas misterios por revelar. Quizá en ellos esté la salvación de esta serie que, hasta ahora, no sorprende a nadie. Igual, para que el queira darle una oportunidad, la dan los lunes, a las 22, por Fox.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Los Borgia: Maquiavélicos

Por Juliana Rodríguez | Tevé


Difícil jugarse a realizar una serie de ficción en la que ninguno (nin-gu-no) de los protagonistas sea un personaje con el que el espectador pueda tener cierta empatía. Pero Neil Jordan lo hizo. El director de El juego de las lágrimas se lanzó al vacío y creó Los Borgia. Para retratar una de las familias más poderosas del Renacimiento no se anduvo con pequeñeces y convocó a Jeremy Irons para el papel de Rodrigo Borgia. 

La serie cuenta la historia desde que Rodrigo se convirtió en el Papa Alejandro VI. Combina una dirección de arte preciosita que hace que las imágenes parezcan un cuadro de Caravaggio, con un guión y registro actoral contemporáneos, para darle dinamismo a dos relatos: el de poder, corrupción e intrigas, y el de las historias de alcoba y las pasiones escondidas. En esa época, ambas esferas se cruzaban y el director muestra cómo lo que sucedía entre las sábanas repercutía en política. Así, sin medias tintas, la serie narra con intriga policial cuán lejos iba este clan para conservar y engrandecer su poder. Hay realismo pero no imágenes cruentas, como otros relatos de época, y una atención al detalle y a conservar la intriga del espectador que se agradecen. Irons vuelve a hacer un papel tan delicioso como el de Mi secreto me condena, y el elenco no se queda atrás: Francois Arnaud (César Borgia) es más lindo que talentoso, pero sostiene su papel en alto, aunque Holliday Granger nos deja con sabor a poco con su interpretación tibia de Lucrecia Borgia. Aun así, Los Borgia es una excelente propuesta de fin de semana. 
La dan los domingos, a las 22, por Isat.

viernes, 26 de agosto de 2011

Sangre para todos


Por Juliana Rodriguez | Tevé

A tono con la moda de series históricas, se estrenó hace unos días Spartacus: sangre y arena, la serie sobre el gladiador tracio que transcurre en Roma. Creada por Steven S. DeKnight (Smallville y Ángel) y producida entre otros por Sam Reimi (El Hombre araña), la serie narra la historia del célebre Espartaco, el guerrero tracio que es reclutado por los romanos y traicionado por ellos, esclavizado, vendido como un gladiador a las huestes del entrenador de luchadores, Batiatus, contra quien finalmente se rebela. 
La serie forma fila y a la vez toma distancia de otras ficciones históricas como Roma o Los Borgia y también sigue el camino de películas como Gladiador y Troya. Porque cada capítulo de Spartacus es una producción de sangre, sudor y lágrimas. Sobre todo, sangre: escenas de batallas y luchas cuerpo a cuerpo, hay primeros planos de carne lacerada, miembros amputados y la misma técnica de "rocío de sangre" del filme 300. Y las escenas se terminan, siempre, con un fundido en rojo. En medio de todo, el sexo. Como Game of thrones, Spartacus promete tantas cuotas de sangre como de sexo en cada episodio, en escenas que se presentan con la misma crudeza de épocas antiguas. Andy Whitfield es el actor australiano musculoso y viril que da con el perfil, aunque no podrá seguir en la segunda temporada de la serie porque le diagnosticaron cáncer. 
Miércoles, a las 23, por el canal FX.

lunes, 1 de agosto de 2011

Outsourced: tercerizados

Por Juliana Rodríguez | Tevé

Outsourced, en inglés, significa algo así como tercerizados, palabra que el corrector de Word insiste en cambiar como “mercerizados”, que vaya uno a saber qué significa, pero suena similar a “mercenario”. Y viene al caso. Outsourced es una comedia que se desarrolla en un sitio que los cordobeses de menos de 30 años conocen bien: un call-center. La historia empieza en EE.UU. cuando una gran empresa de atención telefónica decide mudar su central a India, donde “la inversión se reduce” (eufemismo que conocemos bien por “sueldos mínimos, explotación máxima”). Hacia allá parte el gerente general, a lidiar con su nuevo grupo de empleados indios, que intentan vender a clientes estadounidenses objetos que no necesitan. 

La comedia parece una combinación en TV de Hollywood y Bollywood, para comprobar que son lógicas de narración muy similares. El humor se basa en los malentendidos culturales, vistos desde los ojos del protagonista: los indios tratando de imitar los acentos de todo EE.UU., los indios escandalizados cuando él quiere comerse una vaca, él absorto por las diferencias de castas o los matrimonios arreglados. 
La idea, basada en una película anterior, parece buena, pero los resultados son flojos. Los personajes, arquetipos, no llegan a ser carismáticos y todo se resuelve en la corrección política: los estadounidenses imponen su idea de libertad personal, pero algo aprenden de las tradiciones ancestrales de India. Para tratar el tema del racismo en clave comedia, le faltan varias cucharadas de humor negro. Los capítulos son breves y sólo es recomendable si estás haciendo zapping y justo pasás por ahí. 

La dan los miércoles, a las 20.30, por Warner.

jueves, 14 de julio de 2011

Skins: bajo la superficie


Por Juliana Rodríguez | Tevé

La primera pregunta que se te puede ocurrir es por qué esta serie se llama "skins". La traducción fácil es “pieles”, pero skin es también el nombre de los papeles para armar tabaco y otras yerbas. De una u otra manera, el nombre alude a lo que cubre, lo que envuelve, lo que protege. Pero la serie va a lo que hay debajo de eso, a la carne, lo frágil. 

Skins es una serie inglesa en la que cada temporada narra las vidas de distintos grupos de adolescentes, en una ciudad pequeña que los aburre (Bristol) y en la que transcurren sus vidas y problemas. Los “problemas” estigmatizados están ahí: las drogas, la soledad, la anorexia, los prejuicios, la sexualidad, el amor. En algunos capítulos, tratados con sensibilidad; en otros, con demasiada voluntad de transgredir lo ya transgredido mil veces. En un sendero similar al de otras series británicas como Misfits, Shamless o Sugar Rush, Skins intenta decir algo más o desde más adentro, algo, una idea o una mueca de cómo se vive a los 16 en la Inglaterra de hoy. 

En las primeras dos temporadas hay un elenco interesante y entre las caras conocidas se destacan Nicholas Hoult (Un gran chico) y Dev Patel (Slumdog Millionaire) aunque ya con una barba que sorprende al espectador que los eternizó como niños. Sin embargo, la virtud del programa es que no tiene protagónicos: cada episodio focaliza en uno de los personajes, y los elencos cambian conforme los actores crecen. Las primeras temporadas son buenas, aunque seguir las cinco puede ser agotador. 

Hubo un intento fallido de versión en MTV de EE.UU. pero no prosperó (lo sabemos, el papel carbónico no funciona en TV). Actualmente, no está en ningún canal de cable, pero se puede seguir por Internet y hay una buena página de los fans argentinos con indicaciones para ver cada capítulo en: http://www.skinsfans.com.ar.

jueves, 30 de junio de 2011

Falling Skies: Spielberg soft

Por Juliana Rodríguez | Tevé

Valga una aclaración: casi todos los productos presentados como “de la mano de Spielberg” implican su apoyo, producción o supervisión. Es el caso de Falling Skies, la nueva serie que produce (no dirige) el gran Steven. Hasta el momento hubo tres capítulos que apenas alcanzan a mostrar de qué va esta nueva serie de ciencia ficción. El planeta fue ocupado por aliens invasores: matan a los adultos y secuestran a niños y jóvenes (a los que dominan injertándoles una especie de cola de reptil en sus columnas). En ese contexto, los sobrevivientes se organizan en una resistencia, formada por civiles y soldados. Hay gran factura de escenas de acción y buenas imágenes de ese mundo en decadencia, guiños a La guerra de los mundos y a Battlestar galáctica, tanto como a El eternauta. Pero, hasta ahora, la propuesta no rompe ningún molde. 
El actor Noah Wyle (el doctor Carter en ER) es Tom Mason, un profesor de historia que usa lo que sabe de estrategia bélica para liderar el grupo que enfrenta a los aliens. Con él están dos de sus hijos, que se integran al equipo de sobrevivientes, comunidad en la que se desarrollan todas las relaciones de la serie. Pero, insistimos, hasta ahora, no tiene nada que no haya contado antes y mejor The Walking Dead (con zombies en lugar de extraterrestres). Habrá que darle una oportunidad. O desterrarla del planeta de series favoritas.
Todos los viernes, a las 22, por TNT.

miércoles, 15 de junio de 2011

Men of a cetain age

Quién dijo que los hombres no tienen rollos...


Por Juliana Rodriguez | Tevé
Si Sex & the citiy contaba la vida de mujeres treintañeras solteras, y Amas de casa desesperadas la de cuarentonas en crisis de identidad, Men of a certain age cuenta la historia de ellos, tres hombres maduros y sus rollos. 
Basada en una idea de Ray Romano (autor y actor de Everybody loves Raymond), esta serie es una combinación extraña de comedia dramática sobre tres amigos que pasan los cincuenta con más de un rollo, para negar eso de que los hombres no temen envejecer. Romano es Joe, recién divorciado, vive en un hotel y debe vérselas con dos obsesiones: las apuestas y mantener una vida hiper sana. Andre Braugher (el psiquiatra Darryl Nolan de Dr. House) es un vendedor de autos que no puede madurar a la sombra de un padre que lo subestima y con la demanda de mantener esposa y tres hijos chicos. El tercero es un regreso insólito. Scott Bakula (¿remember? Era el estereotipo del fachero de los 80, y entre mil películas y series protagonizó Viajeros en el tiempo). Bueno, la cuestión es que Bakula es el solterón que todavía conserva el charme, actor caído en desgracia que no encuentra trabajo estable. 
Pensada para buscar la complicidad del público en la identidad de género y generación, la serie se desarrolla lenta, con sutiles guiños de humor, relatando la vida doméstica de estos tres amigos que se cuentan todo como unas chicas de secundaria. No llega a quitar el sueño, pero tiene por momentos un interesante trato de los climas dramáticos, cierta melancolía agridulce. Para desmentir eso de que los muchachos no lloran.

viernes, 3 de junio de 2011

Para repasar: Mad about you

Por Juliana Rodríguez | Tevé
Vale rescatar esta serie por varias razones. Nombre clave de las sitcoms de los 90, antes de Friends y Will & Grace, Mad about you retoma el relato que transcurre en Nueva York. Pero a diferencia de las series sobre grupos de amigos o grupos familiares, Mad about you volvió a la tradición de I love Lucy: la vida en pareja, sin hijos. Paul Reiser (interpretaba a Paul) era el actor y también creador del programa, en el que compartía alcoba de ficción con Helen Hunt (Jamie). La historia era simple: cómo una pareja que trabajaba demasiado pero cobraba lo justo sobrevivía en la vida diaria: trabajo, familia, amigos, proyectos, sueños, sacar a pasear al perro. Tenía una cortina efectiva y pegadiza, algunos personajes secundarios para el recorte, como el primo Ira de Paul (John Pankow), el perro Murray o el cuidador del perro (Hank Azaria). Hoy suena un poco ingenua, pero fue un punto de inflexión en las sitcom de la época. La dan en Sony.

Misfits: súper anti héroes de los suburbios

Por Juliana Rodríguez | Tevé
Era una de las deudas pendientes del año pasado, y hacemos bien en saldarla. Misfits (podría traducirse como “inadaptados”) es una de esas series que sólo los ingleses pueden lograr: tiene humor, realismo, ciencia ficción, drama y personajes para saborear. Los británicos, además, siguen haciendo bien algo que los estadounidenses no han logrado: comedias que narran la vida de las clases obreras, con naturalismo y a la vez con toda la incorrección necesaria (como Sugar Rush, Shameless, Beautiful people). 
La historia de Misfits: cinco chicos son condenados a trabajos comunitarios por mala conducta. Juntos son afectados por un rayo que cae en Londres y que le dejará a cada uno extraños poderes: el antisocial se vuelve invisible; el atleta anticipa el futuro; la marginal lee las mentes; la seductora se vuelve literalmente irresistible. Si Glee es el lado B de Higschool Musical, Misfits lo es de Héroes, nada menos heroico que un grupo de adolescentes de los suburbios, delincuentes, ebrios, drogones y pendencieros. La serie tiene un tono justo, humor en buenas dosis y giros de la trama que van del policial, al fantástico o a la comedia. Cosas imperdibles: los actores (llegarán lejos), la música (gran banda de sonido) y la duración (son capítulos de 45 minutos pero de temporada corta, la primera de sólo seis episodios). Lo mejor: ya está disponible la segunda. Y habrá tercera.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Game of thrones


Juliana Rodriguez | Tevé

Es la segunda apuesta intensa de HBO de este año. Los calabozos y dragones siguen estando de moda y la serie continúa por la estela del fantástico medieval, cerca de películas como El señor de los anillos, Thor, Beowulf y otras. El guiño al cine empieza con la elección de Sean Bean como personaje principal (Boromir en las películas de Peter Jackson, Bean es uno de esos actores destinados a historias épicas). 
La historia se desarrolla en Westeros, lugar de ficción, en un tiempo muy, muy lejano. Varias familias nobles se disputan el poder, rodeados de seres mágicos, castillos, complots y batallas. Hay cuotas altas de virilidad, escenas de luchas, espadas, caballeros viriles y damas que esperan ser rescatadas. Todos los ingredientes de la ciencia ficción están ahí. 
La serie está basada en las novelas de George R. R. Martin, con un gran despliegue de superproducción en paisajes como Irlanda, Marruecos y Escocia. 
El riesgo del género mismo es que puede ser creíble, épico y majestuoso, o fácilmente berreta. Y Game of Thrones camina por esa fina línea: imponente por momentos, con aroma a glam rock ochentero por otros. Hay escenas de acción, batallas, suspenso y, para no perder audiencia, sexo en dosis bastante torpes. Son diez capítulos, van tres estrenados y ninguna sorpresa. Habrá que esperar. O cambiar el canal.

Los invasores

Por Juliana Rodriguez | Tevé

Y ya que estamos en el terreno de la ciencia ficción, ideal para repasar Los invasores, aquella serie de aliens encubiertos, precuela inevitable de lo que luego serían Los expedientes X. Un testigo privilegiado veía el descenso de un OVNI en la tierra y se dedicaba a descubrir a los extraterrestres encubiertos. No los delataba la piel verde, ni las antenas, ni la cara de lagartos: simplemente ¡un dedo meñique que no podían doblar! La idea facilitaba la cuestión de los FX de los años 60 pero además aportaba verosimilitud a la época. La música de cada intro era inolvidable, así como la presentación, con voz de trueno: “"Los invasores, seres extraños de un planeta que se extingue. Destino: la Tierra. Propósito: adueñarse de ella. David Vincent los ha visto. Para él, todo empezó una noche en un camino solitario, cuando buscaba un atajo que nunca encontró...". La dan por canal TCM, en horarios aptos para insomnes (los lunes, 5 AM) o ñoños genuinos (los sábados y domingos, a las 9 AM). 

jueves, 28 de abril de 2011

Mildred Pierce

Por Juliana Rodriguez | Tevé


Inspirada en una película ganadora del Oscar en 1945 y protagonizada por Joan Crawford, que a su vez estuvo basada en la novela de igual nombre, Mildred Pierce es la nueva apuesta de época de HBO. Una miniserie sobre una ama de casa de clase media que se divorcia y quiere mantener a sus hijas, durante la depresión de los años 30 en Estados Unidos. 
La contradicción de Mildred es cómo conservar su status social en trabajos a la altura de sus condiciones y, a la vez, incrementar sus ingresos. Grandes nombres respaldan el programa: la interpretación (grandiosa) de Kate Winslet y Guy Pierce (cómo no quererlo después de Memento), y el ojo cinematográfico de Todd Haynes en la dirección (I'm not there).

Son cinco extensos capítulos, en los que la tragedia y el desgarro atraviesan a la protagonista, a la manera de los melodramas de los años 40 que destacaban las performances de las grandes divas. Winslet no se queda atrás y Haynes aporta una mirada noir y melancólica, con la música de la época como apoyo principal. La historia puede resultar un poco histriónica para los estándares actuales y los episodios un poco largos, pero la autenticidad del guión y las sólidas actuaciones la hacen una miniserie que vale la pena ver. Por HBO.


The Walking Dead

Por Jualiana Rodríguez | Tevé


Nos quedó pendiente comentar uno de los mejores estrenos de 2010, esta serie sobre zombies que, para quienes no somos fans de Gerge Romero, tiene un título y adelantos que pueden no resultar atractivos. Pero la serie, al final, sí lo es. Básicamente, porque el acento no está puesto en el clásico argumento de película de muertos vivos, sino en la resistencia humana al ataque. 
La humanidad entera parece haberse contagiado de un extraño virus que convierte en zombies a todos. Pero algunos logran escapar, se reúnen y tratan de sobrevivir, siempre ilusionados con la idea de que en algún lugar de la tierra hay un refugio no contaminado.
El argumento es clásico de la ciencia ficción, la tierra prometida en la era del apocalipsis. En ese panorama, un hombre (Andrew Lincoln) que busca a su esposa e hijo (Sarah Wyne Collins, de Prision Break) es el clásico héroe inesperado. 


Si el guión pone el acento en la resistencia de los humanos y la fuerza heroica del protagonista, las escenas de acción y suspenso hacen el resto: cada capítulo se estructura con la fuerza del folletín, queda picando a espera del siguiente. Ese es uno de los puntos más altos de The Walking Dead, altamente recomendable incluso para quienes aborrecemos a los caníbales de cerebros. Lo bueno: la primera temporada son apenas seis episodios, pero impecables. Por canal Fox.