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miércoles, 5 de junio de 2013

Hannibal: serie caníbal


Por Juliana Rodríguez | Tevé

Los psicópatas y asesinos seriales son el highlight de las nuevas series: Luther, The Killing, Bates Motel y The Following vienen marcando el rumbo del thriller psicológico en TV. Se suma ahora Hannibal, que le da una vuelta de tuerca más macabra (si es que se podía) a la imagen de Hannibal Lecter. La serie se centra en el personaje de Will Graham (interpretado con sutileza por Hugh Dancy), un asesor del FBI que ayuda a resolver casos de retorcidos asesinatos, básicamente porque tiene una extraña capacidad de hacer empatía con los les mentes perversas de los criminales. ¿Esa empatía es puramente mental, o parte de una tentación reprimida? Esa es una de las preguntas más interesantes que se abre a los espectadores.

Porque para controlar al joven Will, no tienen mejor idea que derivarlo a un psiquiatra con extravagantes apetitos: el doctor Hannibal Lecter, encarnado con escalofriante maestría por Madds Mikelsen (el malo de la película Casino Royale). Es justamente el nivel parejo y exquisito del elenco lo que diferencia a esta serie de productos menos logrados como la mencionada The Following. Porque mientras en dicha serie el único que se destaca es Kevin Bacon al lado de un villano que no asusta a nadie; en Hannibal, Lecter nos hace temblar de miedo como cuando éramos chicos y veíamos a la bruja de Hansel y Gretel. Y hay una sensación: si existiera realmente, este tipo podría servirnos como desayuno. Completa el casting Lawrence Fishburne, como el agente del FBI que de a poco descorre el velo de lo que sucede.

La atención al detalle en los climas oníricos, en la música, en la dirección de arte y vestuario y en el desarrollo de la trama hacen que Hannibal sea verosímil, tremenda, espeluznante. Y apta para espectadores con mucho estómago y pocos pruritos. 

La dan los miércoles, por AXN, a las 22.

martes, 7 de mayo de 2013

Mad por Mad Men


Por Juliana Rodriguez | Tevé

Volvió Mad Men. Volvimos a respirar aire de series. La ficción más sexy, inteligente, glamorosa y dramática de la TV ya está en el cable con su sexta temporada, que tuvo un inicio a la altura de su fama. En un comienzo de capítulo doble, Don Draper (el personaje que originó entre sus fans una nueva religión: el “dondraperismo”) está como pocas veces lo vemos: de vacaciones. En pleno Hawai, disfrutando unos días con su nueva mujer, empiezan a ocurrirle cosas extrañas.
La nueva temporada retoma la vida de Draper y sus compañeros en la agencia de publicidad, ya en la década de 1960, y se detiene en esta nueva etapa: de su socio Roger y sus búsquedas existencialistas (con un humor sutil), de su ex empelada Peggy y su pase a la competencia; de su compañero Pete (personaje más odiado que el mismísimo Joffrey de Juego de tronos) y sus crisis maritales. No queda afuera la ex mujer de Don, Betty, convertida en una ama de casa cada vez más oscura y demente; y de su nueva mujer, que busca crecer como estrella de TV.
Con todo esto, Mad Men sigue siendo una estrella en la programación de dramas, básicamente por sus dos personajes principales: Draper y su búsqueda incesante (de identidad, de paz, de éxito, quién sabe hay al final de su búsqueda); y la vida adulta de una sociedad que se está convirtiendo en otra cosa (en una sociedad de consumo, en una sociedad que no sabe que está por perder una guerra tremenda como al de Vietnam).
Pero, por sobre todas las cosas, Mad Men sigue haciendo lo que mejor hace: ser una serie en la que parece que no pasa mucho, pero en la que todo significa algo. En la que toda escena, mirada, plano y música de fondo hace sentido. En el que cada escena está por algo. Por eso la vemos con tanta atención.
Lunes, a las 22, por HBO.

lunes, 8 de abril de 2013

The americans: La guerra de los Roses

Por Juliana Rodriguez | Tevé

¿Se acuerdan de Felicity, aquella serie de finales de la década de 1990, creada por el por entonces no tan conocido JJ Abrams, que contaba la cándida historia de una chica de provincia que llegaba a la universidad y perdía la inocencia mientras conocía el mundo adulto? Bueno, aquella chica ruluda, interpretada por Keri Russell, se tomó una década para regresar, y lo hace ahora convertida en una heroína retro, violenta y con pocas pulgas. La actriz es la protagonista de The americans, uno de los estrenos que vale la pena seguir en este 2013. La serie está ambientada en la década de 1980, en plena Guerra Fría, en Estados Unidos, donde una pareja de espías de la KGB hace trabajos de inteligencia mientras vive de incógnito, bajo la fachada de ser una pareja americana feliz: están casados, hablan perfecto inglés, tienen hijos y llevan una aparentemente apacible american way of life. De día, son padres inofensivos; de noche, temibles espías. Mientras, su vecino es nada menos que un agente del FBI que, oh casualidad, investiga los casos de infiltrados soviéticos.


La serie tiene varias virtudes. En primer lugar, el elenco. Keri Russell sorprende con su papel de madre abnegada-Mata Hari astuta y de armas tomar (las escenas más violentas las protagoniza justamente ella); y Matthew Rhys, que interpreta al esposo, construye a un marido ejemplar y a un sutil agente del caos, que se permite dudar sobre sus convicciones patriotas. Se suma una recreación moderada de la década de 1980, que no se deja seducir por la mera nostalgia kitsch de aquellos años, y que construye un verosímil contexto a través de la música, los autos, la ropa o la recreación de la vida civil.

Cada capítulo se enfoca en un caso distinto, pero la continuidad está dada por el avance en la relación de ambos esposos “políticos”, que recién ahora y tras dos hijos están empezando a evaluar la posibilidad de ser una pareja “real”, detrás de la fachada. Y a pesar de tener episodios que concluyen en sí mismos, hay un cuidado para incluir cliffhangers que atrapen al espectador. Hay estereotipos, claro, al fin y al cabo es TV y cumple ciertas normas de popularidad, pero eso no quita que, hasta ahora, sea una modesta pero certera apuesta. La dan los lunes, a las 23, por el canal FX. Hay que verla.

viernes, 15 de marzo de 2013

El lado B de Kevin

Por Juliana Rodríguez | Tevé




¡Volvió Kevin Bacon! El chico lindo de Footlose, el actor consagrado de Río místico, el protagonista del juego “Seis grados te separan de”, el que le vendió el alma al diablo y está igual igual ahora que en los ’80. Con toda esa trayectoria, recién ahora se animó a protagonizar una serie de TV, “The Following”, el arma secreta con la que la cadena Fox arrancó la temporada 2013. Pero no es el mismo Kevin que crecía con amor hace 30 años. Su personaje ya no es el del yerno ideal, sino el de un antihéroe que tiene una construcción interesante. Es en la serie un ex agente del FBI que derrochó sus mejores años persiguiendo a un asesino serial, hasta encarcelarlo. Pero la caza, como a todos los detectives obsesivos de la ficción, le costó caro: una tendencia a empinar el codo, una melancolía que no lo abandona y un problema cardíaco severo.


Cuando todo, finalmente, parece estar en calma, el asesino en cuestión, desde la prisión, se convierte en una especie de Charles Mason de la tecnología y las redes sociales y comanda a todo una troupe de psicópatas como él a quienes envía a cometer crímenes por todo el país, inspirados por la lectura compulsiva de las obras de Edgar Allan Poe. El terror de Estados Unidos es llevado al extremo: qué pasaría si todos esos locos sueltos dejan de actuar de manera individual. Una especie de “si nos organizamos, matamos todos”. 

La serie tiene los ingredientes de todo policial clásico: un asesino inteligente, de elegancia literaria, un policía obsesivo, y un vínculo entre ellos que ya es personal (el personaje de Bacon, de hecho, tuvo un affaire con la esposa del asesino). Y si bien la TV se permite algunas escenas crueles y un poco de sangre que no es ATP, la serie no termina de convencer. El asesino no asusta a nadie (James Purefoy no fue una elección de casting feliz), la trama tiende a repetirse, los crímenes los vimos mil veces en películas mejores y el thriller psicológico (después de Hannibal Lecter) no es creativo. En los capítulos que se vieron hasta ahora, salva la serie Bacon, que le pone todo al papel que le toca, y se nota. Habrá que darle una chance más. O dejar que los psicos se maten entre ellos.

The Following. Los jueves, a las 23, por Warner Channel.

lunes, 4 de marzo de 2013

Con ustedes, el equipo Cualquiera 2013!

Foto | Majo Arrigoni

CJ CARBALLO

Tecnología: Juan Bellver


Skate: Facu Stricker

Indie Rock: Karina Mana

Series de Tevé: Juliana Rodríguez

Moda: Nadia Ruffener y Paul Carrasco.

Gastronomía: Lourdes Benegas

Literatura: Pablo Durio


Gossip: Gracia Zamblera

Cine: Maxi Audisio



jueves, 30 de junio de 2011

Falling Skies: Spielberg soft

Por Juliana Rodríguez | Tevé

Valga una aclaración: casi todos los productos presentados como “de la mano de Spielberg” implican su apoyo, producción o supervisión. Es el caso de Falling Skies, la nueva serie que produce (no dirige) el gran Steven. Hasta el momento hubo tres capítulos que apenas alcanzan a mostrar de qué va esta nueva serie de ciencia ficción. El planeta fue ocupado por aliens invasores: matan a los adultos y secuestran a niños y jóvenes (a los que dominan injertándoles una especie de cola de reptil en sus columnas). En ese contexto, los sobrevivientes se organizan en una resistencia, formada por civiles y soldados. Hay gran factura de escenas de acción y buenas imágenes de ese mundo en decadencia, guiños a La guerra de los mundos y a Battlestar galáctica, tanto como a El eternauta. Pero, hasta ahora, la propuesta no rompe ningún molde. 
El actor Noah Wyle (el doctor Carter en ER) es Tom Mason, un profesor de historia que usa lo que sabe de estrategia bélica para liderar el grupo que enfrenta a los aliens. Con él están dos de sus hijos, que se integran al equipo de sobrevivientes, comunidad en la que se desarrollan todas las relaciones de la serie. Pero, insistimos, hasta ahora, no tiene nada que no haya contado antes y mejor The Walking Dead (con zombies en lugar de extraterrestres). Habrá que darle una oportunidad. O desterrarla del planeta de series favoritas.
Todos los viernes, a las 22, por TNT.

miércoles, 15 de junio de 2011

Men of a cetain age

Quién dijo que los hombres no tienen rollos...


Por Juliana Rodriguez | Tevé
Si Sex & the citiy contaba la vida de mujeres treintañeras solteras, y Amas de casa desesperadas la de cuarentonas en crisis de identidad, Men of a certain age cuenta la historia de ellos, tres hombres maduros y sus rollos. 
Basada en una idea de Ray Romano (autor y actor de Everybody loves Raymond), esta serie es una combinación extraña de comedia dramática sobre tres amigos que pasan los cincuenta con más de un rollo, para negar eso de que los hombres no temen envejecer. Romano es Joe, recién divorciado, vive en un hotel y debe vérselas con dos obsesiones: las apuestas y mantener una vida hiper sana. Andre Braugher (el psiquiatra Darryl Nolan de Dr. House) es un vendedor de autos que no puede madurar a la sombra de un padre que lo subestima y con la demanda de mantener esposa y tres hijos chicos. El tercero es un regreso insólito. Scott Bakula (¿remember? Era el estereotipo del fachero de los 80, y entre mil películas y series protagonizó Viajeros en el tiempo). Bueno, la cuestión es que Bakula es el solterón que todavía conserva el charme, actor caído en desgracia que no encuentra trabajo estable. 
Pensada para buscar la complicidad del público en la identidad de género y generación, la serie se desarrolla lenta, con sutiles guiños de humor, relatando la vida doméstica de estos tres amigos que se cuentan todo como unas chicas de secundaria. No llega a quitar el sueño, pero tiene por momentos un interesante trato de los climas dramáticos, cierta melancolía agridulce. Para desmentir eso de que los muchachos no lloran.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Chau que te fuiste


Por Juliana Rodriguez | Tevé

En el bloque de TV de Cualquiera, este año presentamos más de 30 series, entre estrenos, renovaciones de temporadas y repaso de esos viejos programas que por diferentes motivos está bueno volver a ver.
Como no escapamos de la compulsión de las listas, de los balances y de las ganas de que este año se termine y el que viene sea mejor, van acá nóminas de lo más caprichosas sobre lo que la ficción de la TV nos dejó, algunas cosas buenas, otras mediocres, otras imperdibles.

Tres estrenos que si no viste aún te pueden salvar del tórrido verano:

Breaking Bad. En EE.UU estrenó hace años, pero en Argentina la recibimos recién este. Buena idea, buen guión, grande Bryan Carston, el papá de Malcom, como un Ned Flanders que manda todo al carajo.
The Big C. Es algo así como la versión femenina y más reflexiva de la anterior. Laura Linney es también una docente, ama de casa estándar y de civilidad apática, que cuando descubre que tiene cáncer también manda a todo el planeta a freír churros.
Rubicon. Antes del escándalo Wikileaks, una serie ficcionalizó los vericuetos de los aparatos de inteligencia de EE.UU. Oscura, contemplativa y hasta melancólica, una de las series más interesantes del año de estrenos. Aunque la cancelaron, sin pena ni gloria.

Tres estrenos nacionales que salvaron un año pobre de la pantalla local:

Para vestir Santos. Tiene todas las marcas que ya conocemos de los productos Made In Pol-K, pero Javier Daulte y las tres chicas supieron convertirla en la única ficción con ideas, estética, actuaciones, drama y humor.
Todos contra Juan 2. El reloaded de Juan Peruggia superó la primera temporada. El guionista Gabriel Nesci probó ser un buen alumno de las mejores series americanas. Lástima el final de la productora Rosstoc y el tendal de deudas detrás.
Lo que el tiempo nos dejó. El unitario ficcionalizó historia y personajes del Bicentenario. Con algunos capítulos mejores que otros, logró el término medio de popularidad y calidad en la TV nacional, cosa rara por estos días.

Seguí leyendo el balance del 2010 en la columna de Tevé