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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Detrás suyo nadie,

es el último. Nadie para descifrar los secretos del cielo, nadie para atestiguar el paso del agua, una tarde deshecha paso a paso, sin huellas ni sombras. Es el que sella las puertas, el que podría decir las firmas y los nombres del camino; el que se despide sin una palabra, el que desestima las búsquedas. Nada te queda, es el último y detrás tuyo el vuelo de la tarde antes de que caiga. Nadie cierra el paso y no hay rumbo cierto. Fuera del horizonte, huellas de otro tiempo, lo que no llega lejos, lo que se vuelve curioso. 
Estas son las palabras de noviembre, las que caen y se enredan en tus pies. Estas son las que corren, las que dicen basta, las de arrancar el día, las que pronuncian la tarde, las que juran por dios; las palabras amarillas de la noche, las palabras como una fila de hormigas, las palabras de hablar dormido, las que dan vueltas con vos en tu cama, las de descubrir el cielo, las de abrir el viento, las palabras que remueven la tarde en lo mas alto de tu sonrisa. 

lunes, 1 de noviembre de 2010

En mis manos sembré

señales de tormenta. En mis manos exploto su caudal, hoy me atardece. La brisa mueve hilos de los que brotan mis sueños. Busco tu orilla de calma y de tristeza. Busco tus ojos olvidados. Pienso llegar en lo que dure la tarde. Mi respiración es un torrente silencioso, asciende como la marea, como la luz que anuncia la mañana. Hoy es una salida etérea, la corriente me lleva otra vez a tu vereda. Esta ciudad está cubierta por gritos de arena, presiento por donde andarás, intacta, derrumbada por el sol y por el silencio que nunca oye tus plegarias. Nunca le hago caso al tiempo, los segundos son como refugios que marcan mis pasos que siempre se extravían. Yo no soy un viajero, yo sólo creo que tu espejismo, yo sólo me quedaré amarrado a la nostalgia de haber arañado el paraíso. 

Si te dicen que se acaba


8es porque se acaba, por ahora, verticalmente y con resultados horizontales. Soy de este experimento solamente los lados, ignoro el arte monumental de la vanidad. La torpeza elemental de héroe que hace que una pausa sea como un salto, esa risa que te hace salir de víctima y sobrevuela su propio tormento. No es mi especialidad, yo cuando caigo, caigo. No hay parábolas ni fuerzas que me sostengan. Ni espero nada. Llego a los finales por la ruta más breve. No hay mentiras en mi cuerpo mientras se acaba. Se sobrevive, claro. El final siempre es más blando para el que no vuela. Sólo cae, sólo roba. Si te dicen que no estoy no vengas a enseñarme tu compasión revisionista, no me cuentes de los que se fueron ni vengas a decirme que no sabías nada, que fue un accidente. En lo único que creo es en las casualidades, en el sonido blando de tus pasos, en la luz fina que se posa en este mediodía. Porque es así. Lo único que sabe hacer el universo es derrumbarse sin ningún motivo, acabarse porque sí.

Así me senté


, Durante siete días y siete noches y no escribí palabra. El vacío era muy grande, ya era de la bruma, el hecho de no doblarme ante el paso del tiempo. El hoy ya no raspa tus ojos como la luz de ayer. Quisiste con tus dudas fundar una dinastía en el peligro del tiempo y yo alcé para protegerla una fortaleza de abrazos hecho añicos, sin ayuda de ángeles, tan sólo con estas manos que pedían. Los habitantes en vos tenemos que morir por orden de aparición; todas nuestras cabezas que se amparan en tu amor mendigo debíamos desaparecer. Por eso sí, por eso reías convencida de que así debía ser, con la certeza de quien sabe que si quiere te deja en una esquina, sale al mundo y lo atraviesa con una palabra. Mientras compraba estrellas, tu sonrisa me hacía inmortal. Mis palabras poco a poco se me iban para siempre, pero entonces vos soñabas más, reías más. Alrededor tuyo huíamos como animales feroces, no temíamos a la mañana, éramos agradecidos, nos habíamos olvidado de la historia de los días.

domingo, 31 de octubre de 2010

Ahí en el lugar


donde escondes tus exilios, tu techo de aguas tormentosas, tu cielo húmedo de nubes malditas, tus deudas llenas de polvo en el viento. Todas las veces que caminé detrás tuyo observando tus pies pequeños, tus libros, tus cactus, tus ojitos asustados y vos tan sola. Tu corazón lleno de grillos, tu espalda blanca y delicada coronada por un tatuaje del cual valientemente nunca te arrepentiste. Por siglos quisiera morder tu boca, pero nunca contar tus dientes, ya lo sabía, todo lo que tenía sentido se ocultaba en tu guarida natural. Yo no lo sé, tal vez me pareció, tal vez me sentí un hereje. Te hablo de esta forma porque sé que me entendes. A vos te hablo en este cielo púrpura, en esta tierra seca, en esta estática enamorada, en esta mañana que nació con vos, en estos colores. Sos mi galaxia remota, la memoria olvidada de lo que pasó, la memoria que súbitamente se recobra en tus manos. Esta es un alegría vieja, una fiebre antigua, una epifanía que recomienza cada vez que te regalo canciones como un acto de fe rugoso.

El cielo está oscuro

y súbitamente un trueno abre una vez mas mi abismo. En la oscuridad pienso en los hombres y este mundo que creamos. Nosotros, alados, carnudos, de rodillas, suplicando, de pie, moribundos. Millones y millones de nosotros quejándonos y la mano eterna de quien nunca deja de estar a nuestro lado. Veo todo esto y mi alma se congela, me siento hecho pedazos ahora y esos gritos podrían ser de moribundo o de amor pero mis ideas de libertad están atadas a la noche. Mi ideal contiene un cielo oscuro bajo el que me puedo sentar y pensar, sin miedo de los dragones nocturnos ni lugares donde desaparezco. Me siento perplejo a editar párrafos que hablan de un lugar mejor, delicado, tejiendo la visión de una noche inadmisible. Desde siempre puedo dejar de pensar y quedarme al lado del viento, soplando. Dios me dio esta posibilidad, la de estar despierto otro amanecer. Cuando espío a través de la ventana, acecha el día otra vez cortado.