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martes, 24 de mayo de 2011

Así los saludo,

así piso con suavidad el sendero que me conduce hacia ningún lugar. No miro nunca atrás y soy consciente de mis nuevas y complejas responsabilidades.
A partir de ahora debería dedicarme única y exclusivamente a la identificación de mi mismo. Quiero ser digno de una tumba plena. Quiero merecer un futuro donde alguien pise con suavidad la tierra que me cubre.
Anochece aquí y ahora y si ustedes prestan atención, uno puede sentir el movimiento del mundo al moverse. El movimiento del mundo y el movimiento de todas las cosas que el mundo contiene. Cada una, ocupada y distraída en los giros de su propia órbita y con su propia velocidad. Yo me refiero a algo diferente. A todo eso al mismo tiempo y en el mismo lugar, es la oportunidad por lo menos por unas horas de sentirnos distintos. Hay que estar muy atento para no desperdiciar la ocasión de saber cuán afortunados somos. A esto y a nada más que esto se limita mi pequeña oración.
No perdamos el tiempo pensando en que quiero me escuchen, cuando en realidad yo quiero escucharlos a ustedes. Por eso no voy a dejar que la oportunidad de me escape, y cuando esa oportunidad llegue la voy a abrazar con fuerza y reclamarla como propia, por el tiempo en que ella esté con nosotros.

lunes, 23 de mayo de 2011

Hacia el oeste,

hacia la comisura del cielo, los mordiscones de una árbol y los escarabajos. El árbol se inclina tibio en dirección a los aviones que ensartan sus alas contra el cielo. Hay pibes escuálidos en las orillas del río. Nosotros fuimos jóvenes y peores, los viajes por la tierra se hicieron y se dieron raspando tablas y zapatillas contra el asfalto, de una ciudad a otra no necesitábamos más. Y ahora me cuelgo en el recuerdo de un puente en una ciudad en la que fui feliz. Ahora miro las mismas caras en las cosas ocres, el gris que imitábamos de Londres en las manchas violáceas de la ciudad ha matado al arte de los ojos. Nuestros ojos fueron pulverizados por la ceniza de las bolsas de consorcio. A la comisura del cielo se le escapa una baba en forma de nube donde los pájaros peinan sus flecos enrulados. Los fuego artificiales de alguna inauguración quedaron calentando la panza azul del cielo. El cielo se dinamitó. Un auto incendiado con un sólo vidrio tilda la fiebre de tanto pasado. Los días se animan a golpearse la cabeza contra el cordón de la vereda. La derrota de nuestras ansiedades frente al cielo... y vos, pegado en el pasto con la sonrisa delirante de tus malos días.

Ya lo se,

por aca anduvo el sol y se llevo los recuerdos helados de la noche y se cargo los dias como ruedas arrastrando el durmiente de las horas. Estuvo el sol por los rincones desviados de la noche y levantó los pálidos e indescifrables signos de mi rostro. Por acá estuvo el sol, arrogante, sabio, decidido, girando la nostalgia de los suburbios y los ecos de una canción lejana.
Voy perdiendo el lado del sueño, las metáforas vacías, las imágenes cansadas y sin retorno. Absorbo los restos de lo que queda, sin que haya una plegaria que pueda contenerme.
Voy hacia allá, a la antesala, al rincón, a la línea de fuga. Voy como una piel lejana absorto en canciones imposibles. Voy como una marca en el intento. Voy como el sueño de algo, como un temblor. Voy como la equidistancia, como una cuerda imperceptible. Voy como algo fugaz.
Voy como un error que provoca un encuentro.


domingo, 22 de mayo de 2011

Las historias más apasionadas

son las que se cuentan desde el final, nunca desde el durante. El problema es que muchas veces nitidez no equivale a claridad. Así nuestra historia personal parece correr con el mismo ritmo que la historia universal. Entonces todos somos uno. Pero a veces no nos damos por enterados, porque todo el asunto nos intimida un poco y está bien que así sea. Por eso nuestro mundo se estremece y nosotros, inconscientes de lo que somos, nos aferramos a nuestras reliquias, para sentirnos como sobrevivientes y, ahora que lo pensamos, así es como comenzó todo.
Después desapareceremos como todos nosotros,
pero con mayor prolijidad y glamour,
espero.

La primera mirada

es para verificar la inmolvilidad del mundo; la segunda, constata los huecos de la mirada. Si acaso mirara por tercera vez, seria para sospechar de algo que sucede entre tanto que hay para ver. Para verme entre todo lo que hay para  ver tengo que acudir a otros ojos, como veo a los pájaros meciéndose en los cables de electricidad. Las ramas se sacuden por ráfagas que llegan de otro lugar, las hojas arrastradas se elevan con un furor súbito, el viento suave que golpea con insistencia en mi ventana. Nada de eso te importa. Vos te encoges de hombros ante la adversidad, con pericia y aire absorto haces una mueca y tomas té. Veo tus manos, la manera de concentrarte en los trabajos mínimos que emprendes con suavidad.
Tal vez mañana debamos separarnos.
Tal vez mañana la tormenta aumente.
Tal vez mañana todo pase.
Yo sigo pendiente de tus pasos, de tus pies redondos que esta noche crujen en el piso.



lunes, 18 de abril de 2011

Yo no reivindico nada.

Me siento solo, abatido y triunfal, la tensión mínima garantizada. Soy un estúpido afincado en el gris de todos ustedes. El riesgo mínimo y necesario trabaja con el sudor justo. No hay látigo sin castigados. El universo dicta su fantasía. No hay empatía sin ardor y movimiento. Ya no puedo ayudar más a reconocerte, a lo sumo seguro parezco resignado. Cada uno es único. Latís con menor o mayor grado. Nos estábamos buscando, no fue insólito que nos encontráramos. Yo te estaba buscando. Todo este tiempo fue presente, esto comenzó cuando dos se encontraron, nació cuando ellos se besaron. Vos sos el testigo insobornable de esta historia. Perdamos nuestro nombre, perdamos nuestra sombra. Sólo así quiero ser recordado, como el hecho mas profundo de tu condición solitaria. Dejá ahora de ser un simple constructor de artefactos de sueños. Nada me importa, sólo la pasión por rechazar el fuego frío.

No querías caminar,

sólo buscabas estar sentado, tu cuerpo descubierto y al sol. Te cuesta la idea de esta tarde. Por qué tiene que caerse la piel. Hombres que pasan por la calle miran tu obstinación. Él va a conducir rápido y vos no le vas a poder decir que baje la velocidad. Ahora podés ver las cosas más claras. Hoy vas a estar otra vez en la ciudad. La noche aparece cuando tu cara indica su estado y probablemente sea pronto de mañana. Te daba pánico no sentir el suelo, los días que al regreso te mareaban. Soñaste que eras el mar y en tus sueños los barcos te entraban demasiado cerca. A la noche flotando vaciás las estrellas. Acá y en estas luces. La última vez que viste el mar estabas al sur. Y el agua hoy pasó sin reparos por encima. El sol del otoño no quema. En tu cabeza todos los lugares son iguales, fuera de lugar todo pierde sus características propias. El dibujo de un pueblo fantasma y una graciosa escena familiar donde todos se pelean por la música que tiene que sonar. Y las casas. Todas las casas están bien solas.

miércoles, 6 de abril de 2011

Parece que todos

están enfermos y avergonzados, como estos tiempos devorados por un fuego infinito, mediocre y frío. Como las tumbas contra la lluvia, recostados como maderas a merced del aire. Gente al filo, al borde del último eclipse de sus vidas, gente que no sabe cuánto cuestan los sueños en esa vidriera. Gente inútil, infértil, vivaz. Porque el ruido desgarrador de un día abandonado contra el viento, contra lo que piensa en el grito frío que nuestras voces hacen sentir en las ventanas en vela. Sin embargo, si nos concedieran crédito, podríamos usar las botas si bailáramos desnudos sobre el césped amarillo. Y, lo milagroso de esta fuga, sin pensar por qué, por qué nuestros días quieren morir. Las experiencias que contamos, casi siempre son lo que no teníamos intenciones de hacer, jamás lo que decidimos hacer. Por eso, la vida no es un negocio.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las nubes

se abren al infinito. Las líneas paralelas conducen los destinos del cielo. Se confunden realidad y olvido. Cierro los ojos y descubro un archipiélago de pensamiento. Imagino el vuelo de las ideas guardianas, un viaje por la geografía del misterio, un mundo interior: el lenguaje de la utopía, astillas de vidrio en la bruma de las ventanas, suspiros en las serpientes, y gotas de lluvia resbalando de nuevo en un marzo sin lunes en los diarios. 
Son las cuatro de la madrugada. Los cuerpos sin pesar, las nubes sin sal. Cuarenta por ciento en la graduación. Las etiquetas, los relojes y las navajas. Que no salga nadie sin cruzar los pies. La danza de los ojos se acercan, se saludan como siempre. Un reproche en un jueves de limpieza. Me gusta ver los ojos en los puntos de la ilusión, así es el hábito de la espera. Desnudas tu espalda mientras la lluvia arrastra violetas en tus mejillas. Las gotas, así, construyen las palabras antes de su origen.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Una noche de nube espesa

me atrapa en su interior azul. Hay una chica durmiendo sola. Su corazón apunta al lápiz y al papel para despegar sus ojos cerrados de su alma. Soy de la gravedad, con manchas oscuras. Mis pensamientos tiñen la dulzura atrapada en su almohada. Floto en la gravedad de la memoria. La vida toma el amor y lo tritura, igual que los sueños que se transforman en nada. Dos personas crean lo que pasa con sabor a si mismos y hay un embeleso. Sin embargo, la vida es una gran procesadora, corta la cotidianeidad y los días y sus mañas. Uno siempre intenta una supremacía hasta que llega la hora de recurrir a reciclar lo que no te pertenece. Otra vez, sólo queda un sabor espeso, y un olor, una fotografía imaginaria y real brillando en la memoria.

Dice el que está perdido

que no hay ni derecha ni izquierda. Hay gente que respira un atisbo de discordancia para recordar que aquí estamos nosotros. Y desde las calles cubiertas de vapor, muchos se preguntan cuándo alguien entenderá. Mientras confían en su suerte, no debemos esperar. Algún día, en esas cabezas aturdidas, alguien volverá a decir algunas palabras ciertas. La miseria dejará de ser el destino para los nacidos en las villas. Sólo auguro tristeza, pero ese sonido sonará a melodía. En los lugares que amé y amaré hasta mi muerte, las imágenes suavizan el momento. Siempre vi otra ciudad, otro lugar. Siempre dije "se parece a otros lugares", que entre tanto augurio y mito hecho realidad tuve la suerte de no olvidar tus palabras, no olvidar sobre todo tu penetrante voz. Tu voz, la que me permitió brillar. No mentí, no viví en un lugar donde pudiera hacerlo. Jamás me dejé olvidar que había sido educado para hablar. Nunca olvidé las letras, mi origen. No olvidé que hay castigo para los conversos y los desmemoriados. Ellos no tienen patria vieja, no tienen patria nueva y no tienen ni castigo. 

martes, 15 de marzo de 2011

Hace miles de años,

el pasado domingo, bailábamos esta misma canción. Lentos, enamorados, ebrios. Son los mismos besos? Es como verte en una foto de un viejo álbum familiar y creer que eramos felices. No digo nada y seguimos bailando, giramos y giramos cara a cara. Los ojos dentro de los ojos y tu pelo que me toca levemente. A veces pienso que los hilos que nos mantienen unidos son tan delgados que bastaría apenas un roce para cortarlos, pero mientras dure la canción nuestros cuerpos estarán calientes. Los surcos de los minutos reflejan las larguísimas arrugas de nuestros rostros jóvenes, iluminados por la alquimia. Yo persigo la secreta complejidad de los simple. Se escucha el viento y el sonido de la señal del mal tiempo, salta una chispa y la tierra medita. Te di tres besos en la frente. Después se respira el aire puro que entra en rodajas verdes. Todavía no besé tu aura, aunque a veces el día se inclina más de lo habitual.

Qué haces tan lejos de tu casa?

Qué haces sentada en el cordón? Hoy el chico que mas te gusta duerme cerca tuyo en la habitación de al lado. Al momento de apagar las luces no te queda más que la seducción, no te queda otra cosa que la quietud. Vos te mantenías erguida cuando el día no evaporaba la transpiración de los brazos. Voy a meter las mano entre las nubes y vas a ver que no es lo que pensás, que es bueno que el día se acabe para la noche que es un hada. Yo te voy a llevar conmigo. No más lágrimas en los autos, no más refregarse las manos. Habrá música en la cena y sonrisas en la mesa. Un domicilio fijo  donde yo pueda revivir todos los días, sin pensar, como los perros. Voy a ejecutar todos los días la rutina del adoctrinamiento, una ración nocturna de odio y el endurecimiento del descanso se van a sumar al rigor. No soy un ave migratoria, no he perdido el norte. Soy un pájaro que sobrevuela la ciudad, significa que estoy perdido y que una ráfaga de calor me empuja ciegamente a la noche.

lunes, 28 de febrero de 2011

Y sin darme cuenta

los rayos de sol se escondieron perforando las ventanas y cargando la atmósfera de brillo. Mis ojos fueron cediendo a la cadencia de la luz y al flujo de los rayos de sol. Mis heridas se abrían rápidamente al transcurrir la mañana, mis ojos fueron cerrándose y mis manos se aflojaron sobre mis rodillas. Permanecí débilmente relajado entregándome al sueño en la mejor hora y el mejor lugar, allí bajo el abrigo de los que me quieren, rebozante por los zumbidos de las palabras atravesando el silencio cercano, palpable, y un remolino de imágenes viniendo de otro mundo, de muy lejos. Qué extraño, pensé. Al despertarme había soñado que perdía la vida en un miércoles cualquiera. Esto último no sé si era verdad, pero no encontré razón para alarmarme, el verdadero precio de todo lo que realmente me cuesta es simple, es el esfuerzo y la complicación de adquirirlo para que luego se esfume lentamente.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Igual que las ropas viejas,

hasta la que luce como olvidada, lo que metimos en un cajón, eso que nos hizo sobrevivir al amor después de que todo te duele, todo se hace normal. Los nervios se adormecen, el corazón ya te lo pregunta, si fue hoy o ayer, o si lo pudiste soportar. Los pies como autómatas recorren en el aire, en el vacío, un camino descuidado con la resignación como única salida. Es la hora de los que se sobreponen: si lo logras, vas a recordar. Como quien lo soportó. Frío y aturdimiento. Luego dejarte ir. Viene un presentimiento, una larga sombra, una advertencia de que el sol se apura, el aviso que la oscuridad se acerca. 
Una ciudad necesita de vos y de mi sombra. De un árbol y de la fantasía. Y si ninguno viene, que quede sólo la fantasía.