martes, 2 de noviembre de 2010
So long... junio
Cuando me muera seré un recuerdo vago. Tendré un hermoso vestido, aura, saldré de mí como un rey. Cumpliré mil años en la nada. Una vez que el tiempo se cierre, el tiempo hará su trabajo. Pasará el sosiego y quedaré al cuidado de dios, si hay dios. Y tal vez me transforme en una mariposa amarilla. ¿De dónde habrá salido este aire raro? ¿Y este espectáculo raro? Entre lo que fui y lo que soy ahora, alguna vez hubo algo en mi y ahora estoy en diálogo con alguien del que no hay noticia. Ahora duermo en desamparo, debajo del pasto, mezcla de altivez y lástima. ¿Está tan lejos todo? Lo material, lo táctil. Pero al fin de cuentas, me queda toda esta música.
Las horas
Mi amigo perdió la cuenta de los días, perdió los lunes, los martes, los miércoles y los jueves. Dejó para siempre la responsabilidad, la calma, el martirio, el cielo, las mañanas y, sobre todo, las horas. Ahora las abraza y las cuenta sólo, con sus manos. Las junta, intenta atraparlas y reza. Las vuelve a contar y ya las detiene. Las horas flotan en el aire, hechas de viento. Sus horas son por eso inmortales, duran en los días y en las pupilas de los ciegos, en los frascos de aire y en el dolor de los enfermos. Lo rugoso en él es el tiempo que aisló las ideas y la ejecución de las órdenes. Hizo que los primeros minutos llegaran antes que la luz, sin instrumento alguno que las guiara. Quizás el también se volvió inmortal y no lo sabe. De a ratos se toma la cabeza con las manos y me pregunta por el ojo del huracán, por los viernes y los sábados y los domingos que saltan de su cabeza como escamas. Ahora la noche lo piensa, la noche lo está pensando, y ella se desnuda de nuevo dentro de su pecho. .
Un pasaje a ningun lado
Te saqué un pasaje para que seas feliz esta tarde directo al downtown de mi corazón. De ahí te tenés que tomar un taxi. Hay once canciones por hora mas o menos. Son dos horas, pocos kilómetros pero por caminos y calles tan inclinadas que es normal que a veces vuelques. Dicen que a veces es un paseo esplendido. Estas canciones, estos minutos, son como bolsas que revoleamos contra un paredón. Tal vez sea objetivo o impresionista, tal vez me seas infiel, tal vez llegar a la sensibilidad sea sencillo. Lo difícil será encontrar el placer. Yo soy el que pierde la cabeza ya que nunca tengo que presenciarlo. Siempre voy a despreciar lo que te permite el anhelo máximo. Poder y placer. No soy tu gran admirador. Bien y mal siempre estoy ausente. Te sigo como un libro sagrado. No me interesa la lucha de clases, pero voy a abandonar por decadente a esta sociedad. Voy a desarrollar mis ideas en mi mente y, cuando carezca de afecto, voy a armar tal escandalo
So long june
En julio las cosas se encienden en este lado de la ciudad. Julio enciende nuestras risas de artificio, un recorrido que casi nunca llega a su final y nunca encuentra polvo, adioses o basura. Entre los grandes silencios y noches donde los chicos vagan sin sentido, ahí vas a estar mordiéndote los labios y desafiando los días grises que embisten autos y gente impasible. En el medio del año, en el medio de lo bueno y de lo malo, conversaremos sin mirarnos, hablaremos en voz alta, caminaremos al azar, nos detendremos en veredas dejando pasar los minutos y al tiempo rezagado. El tiempo que nos impulsa sin tacto ansioso por destruirlo todo. Nuestras miradas estarán inclinadas al piso y nuestras espaldas bordearan al viento en julio. Seremos dos caminando por nuestra ciudad. Como si supiéramos que todo termina, nos miraremos a lo lejos, tensos, esperando que desaparezcamos, que nos hagamos historia, que nos escapemos de los limites, que no nos veamos nunca más, y que ya no nos acordemos de julio.
Tengo un dolor telaraña y una alegria asombrosa
caSi vive o si muere con mi sangre y algunas fotos amarillas, tendré que sepultarme y enterrarme para siempre bajo estos callejones, esperando como espero siempre los días de la sangre y las noches de la muerte. En cada carnaval queda un tendal de pibes tristes, y ahí estas vos y tus huesos soñando en una eternidad ronca, dándole una mano a las nubes y otra a las calles vacías y a mis dudas. Yo tenía mis días buenos y a cada uno le regalé un duende. Por cada mes de azúcar, venía uno de muerte. Odio cuando te gritan desesperadamente. Sólo nos queda la tierra, el espíritu, la soledad y esta botella que parece ser una mezcla hirviente. Las noches trágicas y las mañanas cristalinas me han doblado la sangre. Ahora viene el típico temblor que me arrastra al verano. Que se cumpla tu vida, que se cumpla tu suerte. ¿Qué va a ser de mi sangre si en tus días se pierde? ¿y de los soles por venir? ¿y de las hojas amarillas? ¿y de la tibieza de tu corazón? ¿y que va a ser de este crepusculo que nunca me miente?
Tal vez funcione como una suerte de exorcismo
Iba a verte todos los dias de los muertos, cuando la muerte no dolía. Me llevabas de la mano, se me secaba la boca, hablabas con las palabras cerradas, te ponías un vestido blanco y olías a gladiolos y a margaritas. Tenías una casa oscura y eras frágil como una niña. No eras coqueta, eras fuerte. Tenías una blusa alegre de escote subido. Te quedaba de perlas. Nos metimos en un cuarto pequeño en el cual apenas entrabamos. Te ofrecí mis brazos, te sacaste la campera, el vestido, la blusa, la remera, el corpiño. Te miraste al espejo y me miraste. Vi tu pecho crudo, las costillas al aire y, después, tu corazón fatal como una piedra. Yo te miraba, antes de que te disolvieras en mis pupilas y, de las ganas en mis ojos, el dolor de mirarte me devastaba por la ausencia.
lunes, 1 de noviembre de 2010
En mis manos sembré
señales de tormenta. En mis manos exploto su caudal, hoy me atardece. La brisa mueve hilos de los que brotan mis sueños. Busco tu orilla de calma y de tristeza. Busco tus ojos olvidados. Pienso llegar en lo que dure la tarde. Mi respiración es un torrente silencioso, asciende como la marea, como la luz que anuncia la mañana. Hoy es una salida etérea, la corriente me lleva otra vez a tu vereda. Esta ciudad está cubierta por gritos de arena, presiento por donde andarás, intacta, derrumbada por el sol y por el silencio que nunca oye tus plegarias. Nunca le hago caso al tiempo, los segundos son como refugios que marcan mis pasos que siempre se extravían. Yo no soy un viajero, yo sólo creo que tu espejismo, yo sólo me quedaré amarrado a la nostalgia de haber arañado el paraíso.
Si te dicen que se acaba
8es porque se acaba, por ahora, verticalmente y con resultados horizontales. Soy de este experimento solamente los lados, ignoro el arte monumental de la vanidad. La torpeza elemental de héroe que hace que una pausa sea como un salto, esa risa que te hace salir de víctima y sobrevuela su propio tormento. No es mi especialidad, yo cuando caigo, caigo. No hay parábolas ni fuerzas que me sostengan. Ni espero nada. Llego a los finales por la ruta más breve. No hay mentiras en mi cuerpo mientras se acaba. Se sobrevive, claro. El final siempre es más blando para el que no vuela. Sólo cae, sólo roba. Si te dicen que no estoy no vengas a enseñarme tu compasión revisionista, no me cuentes de los que se fueron ni vengas a decirme que no sabías nada, que fue un accidente. En lo único que creo es en las casualidades, en el sonido blando de tus pasos, en la luz fina que se posa en este mediodía. Porque es así. Lo único que sabe hacer el universo es derrumbarse sin ningún motivo, acabarse porque sí.
Así me senté
, Durante siete días y siete noches y no escribí palabra. El vacío era muy grande, ya era de la bruma, el hecho de no doblarme ante el paso del tiempo. El hoy ya no raspa tus ojos como la luz de ayer. Quisiste con tus dudas fundar una dinastía en el peligro del tiempo y yo alcé para protegerla una fortaleza de abrazos hecho añicos, sin ayuda de ángeles, tan sólo con estas manos que pedían. Los habitantes en vos tenemos que morir por orden de aparición; todas nuestras cabezas que se amparan en tu amor mendigo debíamos desaparecer. Por eso sí, por eso reías convencida de que así debía ser, con la certeza de quien sabe que si quiere te deja en una esquina, sale al mundo y lo atraviesa con una palabra. Mientras compraba estrellas, tu sonrisa me hacía inmortal. Mis palabras poco a poco se me iban para siempre, pero entonces vos soñabas más, reías más. Alrededor tuyo huíamos como animales feroces, no temíamos a la mañana, éramos agradecidos, nos habíamos olvidado de la historia de los días.
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