Ellas avanzan en círculos y no es la música la que las recibe, son sus milagros los que se trenzan. Bailan abrazadas por los amarillos los violetas y los rojos de sus sonrisas, dueñas de tierra que no tocan. De ellas salen las hojas y las noches como planetas que andan sobre su sombra. Miralas irse, sobre el sonido de sus risas, no son ellas quienes cantan y sin embargo sus canciones las hacen reír con la boca cerrada. Ellas conocen el hambre y los frutos, hilos de oro corren por sus cuellos, la siesta y sus pecados; son las únicas que pueden ver la muerte de todos ya que nos pueden mirar de frente. Es así porque no conozco cómo es vivir sin ellas. Dejo hacer a mi vida, su futuro, su digestión, porque no conozco las formas de despedirme de ellas. Hago vibraciones, mejoro el silencio, vuelvo a flotar en sus aguas, trago sus líquidos.
martes, 2 de noviembre de 2010
Dos
La vida es un doble ojo que se inclina para mirar a pique un mundo pleno, la vida que no se alquila, un libro que respira e imprime lo que continúa, lo que sigue. El nuevo día es un contrato no leído, cerrado, la vida que no termina, un minuto a su favor que se cobra, un minuto a plazo fijo, un postizo por un tiempo, algo que te alumbra bajo techo. Alguien se inclina e inicia una aventura, un renglón que se consume y mira su día, su punto ciego, el día que termina, una hora menos. Sólo es cierto lo que es verdad, lo que no sale, lo que no se guarda. Un patrón que mide la verdad percibida o lo que sólo es cierto. Un aplauso para aquel que transgreda la voz serena, la mordaza amarga; un aplauso para aquel que pudo abrir el día, cuando retumban palmadas para los insectos, para los que malinterpretan las palabras, los que duermen afuera, los que no sonríen, los que dan vida sin ser dicha y para los que se despiden como quien duda qué día se debe seguir viviendo.
Tres
Los que hacen terapia de grupo para ascender a los cielos, los que se despiden sacándose fotos, los que adoran las salidas de emergencia, los que aman los aterrizajes, los que beben agua una y otra vez, los que se excitan con las promotoras, los que limpian el amor con papel tissue, los que hacen dibujos en sus agendas, los que sueñan con agua, los que abren sus alas, los que rezan frente a las iglesias, todos ellos van a caer en pocos minutos sobre un lugar donde las moscas aprenden a volar. Esta noche es de vidrio, una transparencia árida, un cristal agrietado. La noche reposa entre la sed y lo que no se nombra, la noche ha vaciado la luz, como una planta carnívora. Esta noche es de vidrio, nadie se va a posar sobre ella. Hemos festejado por eso el desorden y las manchas. Algunos huyen dejando las palabras sin abrir. Después de muchos años creemos en la ecología, gracias a los noticieros. Ahora quedamos pocos, limpiamos mientras festejábamos y todo parecía quieto. Volvimos a nacer. Así.
Uno de nuevo
Yo me encontré a mí mismo en la esquina del tiempo. No quise dirigirme la palabra en venganza por todo lo que me he hecho con saña. Me seguí de largo y me dejé hablando sólo con gran resentimiento. No amo lo que no tengo, su lugar abstracto es inasible, pero aunque me suene mal daría la vida por diez lugares tuyos. Cierta gente, ciertos puertos, ciertos bosques. Una ciudad deshecha, varias figuras de la historia, montañas y tres o cuatro ríos. Bajo este mínimo imperio que aún no se ha caído, se derrumban los días, la fe y las previsiones. En el último lugar, la destrucción se sacia en en ciudades extintas; la tierra baila y la lluvia extingue las risas como relámpagos. La noche deja su veneno, las palabras se rompen contra el aire. Nada se restituye, nada se otorga. El agua del destierro sucede a los días y a los huesos que vuelven a buscar sus alas.
8 de setiembre
Voy para atrás y el envión va en busca de lo más profundo, y leo promesas que no se opacan y no se alientan ni una vez. Transforman su espera en un letargo al borde de la inmensidad. Poco cuentan los minutos y las horas, los días y las lluvias. Y siguen ahí, en la suspensión que remeda el infinito, por si acaso se diera de repente el tiempo fluido que se hamaca en un oleaje líquido y ofrenda su tributo a la paciencia lenta del que mira este día. Apenas sube el sol al horizonte, de costado al agua. La luz se despereza en los movimientos del día, se encuentra con la altura y sus convulsiones limítrofes. Suenan las veredas desusadas en que algún cualquiera pueda pararse y ver sin paz y sin memoria o, de lejos, ver las noches plateadas y las nubes celando al cielo como un espíritu antiguo. Yo te espero en cada esquina, mis pasos apuran por temor. Brota de tu mano dura. Me pregunto dónde te metiste, en qué lugar se agranda tu corazón de fantasía. Despierto brevemente. Miro hacia adelante.
¿Por qué vuelve el sueño una y otra vez?
¿A qué viene tanta insistencia? Será por eso, lo que dicen las cartas, eso voy a hacer. Que las montañas vayan a él o yo vaya a ellas. Tal vez vengan en mi mente perturbada hacia la nada. ¿Y qué pasa con tanta fiebre? ¿Será por lo de aquella vez? Los signos más claros son confusos, voy con la vista clavada al pavimento. Lo siento así. Por este lado no hay pena aunque lo más sombrío son los usos, la manera en que se descargan las palabras y las gargantas y me pregunto qué quiere decir tal o cual cosa. Aplastada la luz, nada garantiza la gentileza del retorno. Nunca hubo suficientes curvas en la lujuria y yo sin embargo soy el que no soy. Suelo embeberme en los días con incierta exactitud. Sólo nunca sabemos quién está corriendo y quién está detenido. Algunos se atrapan en el día y este los acosa y los obliga a mirarse en el espejo.
Cegado por los colores
El color blanco que pasa, el ojo borrado por una aguja. La verdad se dice, se revuelve, se adelgaza y nada un instante en la corriente. La verdad tiene vientre de amapola y sed de río. La verdad ata a las nubes y arrastra las sombras al vacío. La verdad dice que cosecha el cielo y ofrece su fruto a las estrellas. La verdad despierta en el silencio con su luz, la verdad ilumina a los que callan y apaga a las voces que hieren.
Era mediodía y los hechos estaban incrustados en los pliegues en su memoria transparente. Todos callamos para escuchar al sol revolcándose entre las hojas, en los papeles que corren por el suelo. De esas historias solo quedó un comienzo y un lugar, un lugar donde no hay y los amores se amontonan. Hay una promiscua voracidad, un pasado continuo, una tortuosa vida póstuma; un campo que no hay, un aire que no hay, un agua que no hay, y una vida que viven algunos que no hay.
Una ciudad que me apaga
Aunque la ciudad se aleje como un río y yo sin saber que pierdo para siempre, no hay que aceptar las derrotas o los olvidos en un café amargo o en una casa vacía. Contradiciendo en todo a las manos de la noche y el hambre del transmundo, alcanzo caminando sobre los viejos sueños que maduran como un dios pobre y dicen ser el sol. Es hermoso ser el agua o el pez, el cielo o las nubes. Es hermoso contemplar todo el día, ser el árbol o el fruto, lo simple o lo complejo, la recta o el círculo. Feliz siempre en cualquier parte, ser el pié o el camino, ser un diente o la risa, ser un hombre, ser todos los hombres. Las huellas que dejamos parecen mensajes, antiguos forajidos en el tiempo. Al finalizar este día, las palabras nos recibiran en la noche profunda de las calles.
Las horas
Las horas giran alrededor de los sueños. Los días con vientos, las tardes con ojos de vidrio que se caen a través de un mundo donde la memoria es un programa de televisión. Alguien perdió sus ángeles. Los perdió en un asiento de un A3, los olvidó, quién sabe. Desde entonces, ellos fuman, toman cerveza y juegan al poker. En las noches, por ahí anda alguien desangelado, con un manojo de tristeza en el bolsillo y estos pibes, a quienes ya les está creciendo la barba, quieren redimirse y volver a casa. Ver el funcionamiento precioso del día, existir a través de las horas. Alguien dice que puede ser tigre, arroz y río al mismo tiempo en un poema oriental. Una mueca de satisfacción, una ráfaga de frío, la sensación de sentirse extranjero sin nunca haber viajado. Todos lo sabemos. Algunos no. Miremos al cielo. Podemos sentir que las nubes están abiertas.
Sólo los nombres no han cambiado
"It's never over, all my riches for her smiles when i slept so soft against her..." Jeff Buckley.
Muriel
Hay un punto en el que una ausencia resuena. Hablo, como es obvio, del silencio. Hay un punto en el que resuena lo obvio de ese silencio. Es el ruido de esta lluvia acumulada en tus ojos, es la tibieza de tu respiración esfumándose de golpe por la irrupción fría de una pregunta que evidentemente a nadie le gusta escuchar y a la que respondiste "no vinimos a hablar de mí". El río de un final a la deriva en otro río, un río que esta noche no responde a ninguna llamada. Cuando te hablo siento que el mundo se cubre de plata y la tarde se vuelve brillante, pero ayer, en el momento de un último trago festejando tu cumpleaños sin vos, al levantarme y adivinar la fragancia de un perfume sin cuerpo, de un cuerpo sin color, de un río sin cauce, me cubrió la ebria fragancia de tu ausencia.
Monique
Me temo que no ves nada. Tus ojos destejen la ilusión de querer, basta que te vean y no hablen de vos. Tu alma perdida se pelea en un túnel oscuro. La melancolía frota tu belleza y yo, en silencio, saco mis manos y en el aire me paseo como una momia sin pirotecnia. Daría en el silencio, en el vacío, en este momento. Una clase, un elogio invisible del cielo. Ahora que la electricidad no es pegamento, ahora que parece que todos podemos morirnos o llorar para siempre, ahora que el sol de mi risa es este, ¿qué más puedo pedir? Los días se unían a vos y nada interrumpía las poderosas decisiones de la naturaleza. Tus eslabones,
Suscribirse a:
Entradas (Atom)