Por Pablo Durio | Literatura
John Fante es el autor de la semana. Su libro Pregúntale al Polvo es protagonizado por Arturo Bandini, su otra cara. Es el tercer libro de una saga de cuatro: Espera a la Primavera, Bandini, Camino a los Ángeles, Pregúntale al Polvo y Sueños de Bunker Hill. Preguntale al Polvo fue redescubierta y aplaudida por Charles Bukowski y, en español, editada por Anagrama. Abajo la historia.
Llueve. Probablemente a nadie le importe excepto a él: el futuro gran escritor que vive en su cabeza. En el exterior -en la realidad- él sólo será un guionista más de Hollywood, pero ahí, ahora, en la primer noche que llueve en Los Ángeles en 1936 y con veintisiete años, él es un gran escritor. El próximo Gran Escritor.John Fante está escribiendo una carta y oyendo la lluvia, seguramente está excitado: acaba de terminar Camino a los Ángeles, una novela sobre Arturo Bandini, su personaje de ficción, su autobiografía expuesta en lo que más tarde serán cuatro libros. “Camino a los Ángeles está terminada y yo estoy encantado, chico” –le escribe a Carey Williams– “Espero enviártela el viernes. Parte del contenido pondría los pelos de punta al culo de un lobo”.
No se sabe qué efecto causó sobre los lobos, lo que sí está claro es que no logró lo mismo con su editor: Camino a los Ángeles fue rechazada por la editorial Knof y se publicó recién en 1983 gracias a su entonces viuda. Fante estaba muerto y había dejado de llover.
Pero retrocedamos. Volvamos muchos años atrás. Estamos ahora en 1909 y es el 8 de abril y nadie sabe si llueve o no. Lo que sí es seguro es que Nick Fante y María Antrilli están por tener a su hijo John, al próximo gran escritor, al inspirador –reconocido y dicho por Bukowski– del “realismo sucio”, al hombre que va a sufrir su educación católica, el hecho de ser hijo de emigrantes italianos, y la pobreza en la que viven. Crece. John crece y soporta que en su escuela de educación católica lo traten de “macarroni despreciable”, crece y no soporta a su padre –un albañil que detesta a toda su familia y a sus vecinos y su país de origen y su país de adopción y no se cansa de maldecir–; crece y no soporta a su madre. Sabe que es buena, que es incondicional, escribe sobre ella como Arturo Bandini –¿su alterego?– y la ama. No así a su padre. Macarroni despreciable.
En 1932 deja la Universidad de Colorado y se traslada a los Ángeles y consigue su primer y casi único éxito: The American Mercury publica Altar Boy, con la condición de que sea enteramente tipeado en máquina de escribir, la misma máquina que obsesiona a Bandini. El gran Arturo Bandini.




























