martes, 11 de junio de 2013

Bienvenido a mi pesadilla

Por Pablo Durio | Literatura 



Tim Burton vive en un universo paralelo donde se cuentan al mismo tiempo millones de cuentos de hadas oscuros y pop. En ese universo la princesa probablemente esté muerta y tenga grandes ojos y grandes ojeras y el príncipe no sea más que un pibe perturbado y sensible que no soporta las sonrisas marca Avon que se pavonean orgullosas e hipócritas a su alrededor. El universo Burton es una burla negra a un mundo al que no para de escupir aunque su enojo sea dulce y las historias no sean más que historias de amor.

Pero al igual que todos los universos (paralelos o reales), el de Tim Burton tiene una grieta importante: para regocijo de sus principales detractores existe una foto de un joven Tim peinado y sonriendo. La catástrofe, el símbolo de que su pelo alguna vez tuvo orden y su sonrisa un motivo válido: el último y único elemento que cuenta de otra forma la infancia que él describe como “muy atormentada”.

Era 25 de Agosto de 1958 cuando Bill Burton –que trabaja en Parques y Paseos luego de una fugaz carrera en el beisbol– y Jean –que tenía una tienda de regalos para gatos cuando nadie apuntaba al mercado de las mascotas llamado Cats Plus– tuvieron a su hijo Tim. Probablemente nació de noche. En la noche de Burbank: una tierra feliz para los padres, pero “un lugar maravilloso desde el punto de vista infernal”, según el niño. “Cuando uno es chico piensa que todo es extraño. Y, a su vez, uno piensa eso porque es chico. Pero un día uno descubre que ya es un hombre y que… todo es extraño”.

Burton no se lleva bien con sus padres, no les habla –al día de hoy no les habla– y probablemente no lo haga nunca. Y no sólo sus padres lo molestan, también lo molestan el entorno, la fingida felicidad, el subtexto de normalidad: “Creo que en el ambiente en que yo crecí, sí, había un subtexto de normalidad. Ni siquiera sé lo que significa la palabra, pero está atrapado en mi cerebro. Es extraño. No sé si es específicamente estadounidense o estadounidense en el momento en que crecí, pero hay un sentido muy fuerte de la categorización y la conformidad. Recuerdo que estaba obligado a ir a la escuela dominical a pesar de que mis padres no eran religiosos. Nadie era realmente religioso, sino que era sólo el marco. No había pasión por ello. No hay pasión por nada. Sólo un lugar tranquilo, algo vaporoso, un tipo de semi-opresión, ¡una paleta en blanco en la que usted está viviendo!”.

La paleta está totalmente en blanco y él quiere llenarla de colores, bueno, en realidad, quiere pintarla totalmente de negro y revivir a personajes muertos y matar a personajes vivos y jugar con cadáveres que cantan y bailan y robarse la navidad en un intento desesperado de que lo quieran, el niño Burton quiere crecer y trabajar “de ser el hombre que está dentro del traje de Godzilla”. Es un pésimo alumno, nunca leyó un libro, fundó el Club del Cementerio y filmó una película con muñequitos titulada The Island of Doctor Agor y su disco favorito es Welcome to my Nightmer de Alice Cooper. Cuando llega la noche se la pasa dibujando (es su modo de escapar de este-mundo a su-mundo) y, ya en la cama, le reza a su dios privado: Vincent Price.

Al terminar el secundario obtiene una beca para ir a CalArts (California Institute of Arts) fundado por el Sr. Walter Elías Disney ahora muerto y por su compañía ahora desesperada por encontrar a su sucesor, alguien que dibuje como Walt, alguien que pueda continuar con su legado de princesas platinadas y ratones que sonríen paranoicamente mientras mueven una varita mágica al ritmo clásico que le marca la orquesta de Philadelphia. “Me pusieron a dibujar para el zorro y el sabueso (un dibujo animado muy popular en los Estados Unidos). No me salían. No podía dibujar esos zorritos a la Disney. Los mío parecían topadoras”, recuerda Burton, que duerme 14 horas diarias (10 en casa y 4 en el trabajo –en un armario o debajo del escritorio-) hasta que lo trasladan y lo dejan dibujar lo que quiere. De esos dibujas nacerían, por un lado, los bocetos de lo más tarde sería El Extraño Mundo de Jack, y los poemas ilustrados de su libro: La Melancólica Muerte del Chico Ostra.

Escrito en 1997 y editado en español por Anagrama, al libro lo forman 23 historias con dibujos incluidos, narrados como poesía donde los personajes están repletos de desventuras e ideas atormentadoras y pasados horribles y futuros oscuros: algunos mueren, algunos están repletos de alfileres y no pueden moverse, otros tienen muchos ojos o muchos cables o están hechos de chapa o son directamente devorados por sus padres porque dan toda la potencia sexual que los progenitores han perdido y quieren recuperar: “supongo que si os coméis/ a vuestro niño podréis/ saciar el ansia carnal”, les dice el muy tierno y considerado doctor a los padres.

La enorme pecera que muestra detrás de los ojos de Tim a este desfile de personajes solitarios y diferentes y tiernos está explicada por las mismas fuerzas internas que movilizan a toda la marca Burton: el mundo es una porquería y los cuentos de hadas son mejores y sobre todo si tienen a la muerte y la oscuridad como marco narrativo, porque, se sabe, “cuando uno no tiene muchos amigos, y tampoco tiene una vida social, se convierte en alguien que puede observar las cosas, no tiene que hacerlas. Hay una extraña libertad al no tener que tratar a la gente como si fuera parte de la sociedad o alguien que tiene que cumplir con las relaciones sociales”.
Si el mundo fuera justo y estuviera bien contado, el universo Burton debería presentarse y terminarse con Alice Cooper cantando Welcome to my Nightmer, que es la invitación del mismísimo Burton, entre ropas negras y pelos despeinados:

“Bienvenido a mi pesadilla, 

Pienso que te gustara, 
Creo que vas a sentir que perteneces. 
Nosotros reímos y gritamos aquí, 
porque la vida es solo un sueño aquí, 
Sabes que por dentro te sientes en casa… 
Bienvenido a mi pesadilla, 
Bienvenido a mi locura”

La melancólica muerte del chico ostra.
Autor: Tim Burton
Editorial: Anagrama
137 páginas

domingo, 9 de junio de 2013

Una mirada demasiado superficial

"El Gran Gabsty", con Leonardo Di Caprio.
Por Maximiliano Audisio | Cine

Desde el momento en el cual se supo que “El Gran Gatsby” sería el film de apertura del “66º Festival de Cannes”, nada volvería a ser igual. No lo sería para este film, para su elenco, para los seguidores de Baz Luhrman, los lectores de Fittzgerald, ni para el mundo cinéfilo en general. El director de Australia ya había tenido la oportunidad de dar la apertura al festival de la costa azul en 2001, con lo que es quizás su mayor obra, “Moulin Rouge”, por ende existe una relación estrecha entre director-festival que llevaba a pensar que quizas todo sería color de rosas como aquella vez. Lamentablemente no fue así.

“El Gran Gastby” transcurre en New York en los dorados años 20, es la historia de Jay Gatsby (Leonardo Di Caprio, quien debería el Oscar por su actuación en esta película), un nuevo rico de quien se sabe muy poco y que se presenta como una verdadera incógnita entrando tardíamente dentro del film para cautivar desde el desconcierto y la fascinación tanto a Nick Carraway (Tobey Maguire) como a su eterno amor imposible, la simplista Dausy de Carrey Muligan.

El comienzo del film es deslumbrante y sin lugar a dudas lo mejor del mismo. Asistimos a la vida de quien será nuestro narrador y de manera ínfima somos espectadores también de esa figura siniestra que es el señor Gastby, de quien hasta el momento no se sabe demasiado, solo que vive en una gran mansión en la cual no hace más que dar grandes fiestas todo el tiempo. Un Gatsby que parece mantener una única inquietud relacionada con un destello/luz verde que observa cada noche desde su muelle.

jueves, 6 de junio de 2013

Los famosos y las supersticiones

Por Gracia Zamblera | Gossip


¿Quién nunca ha tenido una cábala para rendir un exámen o para conseguir algo importante?
¿Quién nunca evitó hacer ciertas cosas para eludir la mala suerte?
Vamos... quien me diga que no, tengo certezas de que me miente.
Pero en este caso, no vamos a hablar de tus cábalas ni las mías, vamos a hablar de los famosos y sus “recetas” para la buena suerte.

Ahí vamos:

- Collin Farrel: En 2011, el actor nacido en Dublín, ofreció una recompensa de 11.000 dólares para recuperar su “cinto de la suerte”. Este cinto fue un regalo de su padre y según un amigo, ya ha gastado más de 3.000 dólares en arreglarlo y repararlo a lo largo de varios años. El cinto ha pasado por muchas alteraciones, como agregarle extra agujeros con pedazos de cuero dado los diferentes cambios de peso del actor. Además, cuando comienza a rodar una película, usa un boxer con tréboles y en el elástico superior dice “The luck of the Irish”.

- Heidi Klum: La supermodelo recientemente separada del cantante Seal, ha declarado que su cábala es llevar los dientes que sus hijos, cabe aclarar, que son los dientes de leche que sus hijos han perdido. Ella contó que en una ocasión, en un avión, accidentalmente se sentó sobre ellos y los perdió en su butaca, cuando una azafata se le acercó para preguntar si necesitaba algo, ella respondió: “sí, necesito encontrar mis dientes”, la cara de sorpresa de la azafata fue indescriptible.

- Cameron Diaz: Su objeto de suerte contra el envejecimiento, es un collar que un amigo le regaló, con un dije que tiene forma de herradura de caballo y lo que podemos decir es que … so far, so good.

- Benicio del Toro: El año que este actor fue nominado como “Mejor Actor de Reparto” por Traffic, él reveló que tenía un talismán de suerte: un anillo con el centro de madera en vez de alguna piedra preciosa. El dijo que lo que le gusta de este accesorio es que, es como si estuviera tocando madera todo el tiempo. Y este anillo parece haberle dado la suficiente suerte como para haberse ganado el preciado premio.

- Lady Gaga: Esta excéntrica cantante pop, admitió que no tiene sexo cuando ella esta en etapa de composición o de tour, ya que ella piensa que tener relaciones carnales con otras personas, la desconcentran y prefiere de esta forma conservar sus “ jugos creativos”,tal como ella lo llama.

- Michael Jordan: El mejor jugador de basketball de todas las épocas, ha confesado que su amuleto de buena suerte es un short de deportes de cuando él jugaba en la Universidad de North Carolina. Este short se lo ponía debajo del uniforme de los Chicago Bulls, es decir, el equipo con el cual ganó múltiples campeonatos.

- Jennifer Aniston: Es frecuente que las personas le tengan un poquito de miedo al hecho de volar en aviones. Esta actriz no está exenta de esto, y para evitar cualquier susto, al subir a un avión, ella siempre le da una palmadita en la parte exterior de la nave como el avión en cuestión sea un “good boy”.

- Axl Rose: Este rockstar tiene una superstición bastante bizarra con respecto al alfabeto, con la letra M en particular. Y en consecuencia, nunca da un recital en una ciudad que comience con esa letra.

Creo que para terminar este post la frase “cada loco con su tema” no puede ser más atinada.

miércoles, 5 de junio de 2013

Hannibal: serie caníbal


Por Juliana Rodríguez | Tevé

Los psicópatas y asesinos seriales son el highlight de las nuevas series: Luther, The Killing, Bates Motel y The Following vienen marcando el rumbo del thriller psicológico en TV. Se suma ahora Hannibal, que le da una vuelta de tuerca más macabra (si es que se podía) a la imagen de Hannibal Lecter. La serie se centra en el personaje de Will Graham (interpretado con sutileza por Hugh Dancy), un asesor del FBI que ayuda a resolver casos de retorcidos asesinatos, básicamente porque tiene una extraña capacidad de hacer empatía con los les mentes perversas de los criminales. ¿Esa empatía es puramente mental, o parte de una tentación reprimida? Esa es una de las preguntas más interesantes que se abre a los espectadores.

Porque para controlar al joven Will, no tienen mejor idea que derivarlo a un psiquiatra con extravagantes apetitos: el doctor Hannibal Lecter, encarnado con escalofriante maestría por Madds Mikelsen (el malo de la película Casino Royale). Es justamente el nivel parejo y exquisito del elenco lo que diferencia a esta serie de productos menos logrados como la mencionada The Following. Porque mientras en dicha serie el único que se destaca es Kevin Bacon al lado de un villano que no asusta a nadie; en Hannibal, Lecter nos hace temblar de miedo como cuando éramos chicos y veíamos a la bruja de Hansel y Gretel. Y hay una sensación: si existiera realmente, este tipo podría servirnos como desayuno. Completa el casting Lawrence Fishburne, como el agente del FBI que de a poco descorre el velo de lo que sucede.

La atención al detalle en los climas oníricos, en la música, en la dirección de arte y vestuario y en el desarrollo de la trama hacen que Hannibal sea verosímil, tremenda, espeluznante. Y apta para espectadores con mucho estómago y pocos pruritos. 

La dan los miércoles, por AXN, a las 22.

martes, 4 de junio de 2013

El Rey ha muerto.

Por Pablo Durio | Literatura

Existe una Agencia Tributaria en los Estados Unidos de Norteamérica. Esa Agencia está subdividida en cuantas partes hace posible el monstruo enorme de la burocracia estatal, el organismo que representa el nivel mayor de aburrimiento y de complejidad absurda e inútil. Una de esas divisiones son los Centros Regionales de Examen, entre los cuales hay uno en particular, en Peoria, Illinois, en donde empiezan a registrarse una enorme cantidad de empleados con extraños superpoderes, algo así como unos X-Men pero sin sus trajes de cuero y cuyas mutaciones se mezclan entre lo inútil y burocrático y el sinsentido irónico narrados por un David Foster Wallace al borde la muerte, al borde de un árbol.

David Foster Wallace, voz-influencia-escritor estrella-generacional, está escribiendo sobre el aburrimiento y está cerca de los 50 años (tiene 46) y lleva 10 años escribiéndolo e investigando sobre ello (hasta llega a tomar un curso sobre contabilidad), cuenta con casi 2.000 páginas ya escritas en cuyos márgenes y pies hay un millón de notas y detrás de sí está su esposa, su editor, su agente literaria, la editorial para la que publica, el mundo entero que lo espera ansioso pero, sobre todo, los restos del único de los males que lo acompañó siempre: una terrible e incurable depresión.

Los médicos dicen que está estable, que después de su adicción a las drogas y al alcohol y a las malas compañías y a la soledad sólo lo espera un camino más tranquilo, no saben si de felicidad (nadie tan inteligente puede ser totalmente feliz) pero por lo menos de paz. Es el año 2008 y hace 6 años que conoció a la mujer con la que está casado: Karen Green, quien en 2002 se acercó a él ofreciéndole pintar paneles sobre su obra y él no sólo que aceptó los paneles, sino que también a ella y a su hijo. Llevan una vida tranquila: ella pinta, él da clases de escritura creativa (actividad que le da de comer) y escribe lo que él mismo llama “the big thing”, y su editor se muestra preocupado: llama a David para que asista a las reuniones y presentaciones y charlas que tiene pautadas pero recibe como única respuesta que ahora no, “sabes que si me lo pides iré, pero por favor no lo hagas, estoy trabajando en algo grande y sabes que si me distraigo me cuesta volver al trabajo”. Esa gran cosa es El Rey Pálido.

En una carta escrita a Jonathan Franzen (su amigo-enemigo-competencia literaria- y segundo puesto eterno en la lista de escritores miembros de la Generación x –el primero será, vivo o muerto, David Foster Wallace-) puede leerse lo siguiente: “Me siento, digamos, peculiar, que es la palabra adecuada para escribirlo. (…) Escribo a regañadientes, sumido en sentimientos ambivalentes acerca de lo que hago, hundido en el dolor. Estoy cansado de mi mismo, de mis pensamientos y asociaciones mentales, de la sintaxis, de hábitos verbales. Mi trabajo atraviesa por una fase de gran oscuridad, lo demás es luminoso y gratificante. De modo que puede decir que estoy relativamente feliz”.


Retrato de David Foster Wallace.
En el “relativamente” es donde finalmente se cuela la verdad: el 12 de Septiembre de 2008 Karen Green vuelve a su casa y encuentra a su marido muerto. DFW se quitó la vida.

“Lo bueno de todo esto: he perdido cerca de 10 kilos. Lo malo: ni siquiera he pensado acerca de escribir desde Septiembre. Y creo que no van a pasar hasta al menos 90 días antes de que me pueda poner a trabajar, aunque mi psiquiatra diga que estoy en una etapa bastante sana”, le había escrito a su agente literaria Bonnie Nadell, cuando ella quiso saber cómo andaba su trabajo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Los famosos y sus caprichos en los tours.



Por Gracia Zamblera | Gossip

Ya te dije una vez que con esta columna no pretendo cambiarte la vida pero con que te diviertas un rato a mi me sobra y me basta.
Hoy te voy a contar cuáles son los pedidos de los famosos cuando están de gira. Ahí van:

- Madonna, la reina del inodoro.La reina del pop posee un prontuario de requerimientos bastante extraños cuando se trata de alimentos y bebidas. Pero lo más curioso de todo es un especial pedido que se encarga de corroborar ella misma. Madonna pide un asiento de inodoro completamente nuevo para su baño privado… ¡en cada concierto que da!

-Sir Paul McCartney y las hojas.
El ex integrante de Los Beatles tiene un talento realmente indiscutido. Pero, no creo que respaldarse en eso sea un buen escudo para sostener las locas exigencias que demanda a cada lugar que va. Paul, amante de las plantas, pone en su lista las medidas que deben tener las hojas. Sin contar la comida vegetariana.

- Axl Rose se pone geométrico.
Las extravagancias del líder de los Guns N” Roses son conocidas por todos. En Argentina, por ejemplo, antes de un show en Buenos Aires, pidió un melón cuadrado oriundo del Japón, 18 rosas blancas en su habitación y una botella de vino italiano Borolo. Ya para su llegada al Perú, en febrero del 2010, el cantante demostró que puede ser incluso más exagerado. ¿Qué pidió? Nada menos que un piso entero. Y no cualquiera: reservar todo un piso del hotel más lujoso de Lima y obtener los planos de distribución y construcción de dicho lugar para encargarse él mismo de su supervisión.

- Prince y el film plástico.
Prince, el diminuto artista que nos hizo y nos hace bailar con canciones como Cream y Musicology, cuando esta de tour se transforma en una personita (sic) muy meticulosa con la higiene y la asepsia de sus camarines. Para esto, solicita que toda su comida esté siempre cubierta por papel film plástico y solo la ingiere cuando corrobora que la misma se encuentre cubierta como él lo desea. Además, deben estar recubiertas con este film los sillones y alfombras, y debe ser él quien les saque el envoltorio. Por último, el pide que un médico esté disponible las 24 hs. donde quiera que él se encuentre para administrarle una dosis inyectable de vitamina B12. Como podemos ver, para el principito la salud es lo más importante. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Al escritor que me enseñó la muerte


Por Pablo Durio | Literatura

En la imagen se lo ve a Guibert solo, con la piel pegada a los huesos de la cara, con ropa que –ahora- le queda grande. Está flaco y solo y de esa belleza francesa que lo convirtió en uno de los hombres más lindos y polémicos de Francia queda poco. Casi nada. Le quedan sus ojos, siempre le quedarán sus ojos, aunque de uno casi no vea.
Está sentado en un sillón grande de madera de un cuerpo y se arremanga tanto la camisa roja como el saco azul. Espera una inyección, una más, una de tantas. De fondo se escucha su voz, en un impecable francés, que relata lo que estamos viendo. Se acerca la enfermera, lo toca, lo inyecta. Hervè Guibert, que nació en 1955 en una familia clase media cualquiera de París, tiene SIDA. Se está muriendo.

La imágenes corresponden al documental que grabó sobre su vida y sobre su muerte –sobre todo de esta última- llamado El Pudor o El Impudor. Ese es su relato final.

Fue fotógrafo, actor, director de cine y escritor. Fue periodista y escribió para Le Monde una columna sobre fotografía. Y ni siquiera todo su talento pudo opacar lo que la sociedad francesa le reclamaba y le reprochaba: que fuera abiertamente homosexual, que le gustaran los hombres, que escribiera todo el tiempo sobre sí mismo y que sus obras no fueran más que una mezcla “fría, glacial, insoportable y cruel” de autobiografía y ficción.

Guibert sabía que la sociedad no aceptaba sus gustos y quizás por eso decidió luchar abiertamente contra ella. “Cuando veo el hermoso cuerpo desnudo, carnoso, de un albañil en una obra, no sólo me gustaría lamer, sino también morder, jalar, masticar, tragar. No descuartizaría, según la moda japonesa, a uno de esos obreros para apretujarlo en mi congelador: me gustaría comerme la carne cruda y vibrante, cálida, dulce e infecta”. Vivió su vida pública como gay, aniquiló su cuerpo social hablando sobre la enfermedad y sobre lo que los demás llamaban su “suicidio sexual”, y se metió con uno de los máximos exponentes de la intelligentsia francesa de la época: uno de los amores más importantes de su vida fue Michel Foulcault, y sobre él escribió el libro que la catapultó al éxito, Al amigo que no me salvo la vida (1990).

Pero Hervè tuvo otros amores: Thierry Jouno, y un adolescente de 15 años al que se conoce como Vincent M. y sobre el que escribe el libro Fou de Vincent.
En 1988 le diagnostican SIDA y él vuelve su enfermedad el centro de su obra. Guibert coquetea con la muerte, baila con ella hasta que ella lo seca y lo aplasta y sobre ella dice: “La amordazan, la censuran, pretenden ahogarla en el desinfectante, asfixiarla en el hielo. Yo quiero que saque su voz potente y que cante, diva, a través de mi cuerpo. Será mi única pareja, seré su intérprete. No dejar que se pierda este manantial espectacular inmediato, visceral. Darme la muerte en el escenario, ante las cámaras. Dar este espectáculo extremo, excesivo de mi cuerpo, en mi muerte. Escoger los términos, el progreso, los accesorios.”

Mientras pasan los años y la enfermedad avanza, el coraje de Guibert (quien a esta altura ya sufrió la muerte de varios de sus amores y sus amigos) disminuye y aparece la vergüenza de afrontar la verdad ante su familia. El hombre que escribió todo lo que quiso sobre su romance con uno de los filósofos más importantes de la historia y que hizo pública su condición sexual sin la autorización de este último (cuando Guibert publica Al Amigo que no me salvo la vida Foulcault ya estaba muerto); el hombre que aceptó e hizo frente, estóico, a todas las críticas; el hombre que usó su talento como un revólver que sostenía mientras apuntaba mirando entre sus rulos para disparar al centro de un mundo que no lo entendía, sosteniendo la mano de otro hombre con fuerza, ahora tiene miedo de la mirada de sus padres: “Mi preocupación principal en todo este asunto es morir lo más lejos posible de la mirada de mis padres.”, anota, Guibert, con un brillo triste en la mirada y con el revólver ahora descargado, con la mano cansada.

Citomegalovirus, diario de hospitalización, trata sobre su muerte, sobre su soledad, sobre sus miedos pero también sobre su sentido del humor.  En el relata el período que estuvo internado tratando de no perder un ojo (citomegalovirus es –la obviedad de la no sorpresa y la redundancia- un virus común para los enfermos de VIH antes de la aparición de los antirretrovirales en 1996), entre el 17 de septiembre y el 8 de octubre de 1991, y escribe como una protección, como un antidepresivo. Escribe porque ya casi no puede leer y escribe porque ha decidió que hasta el último momento hará lo que se le antoje y se revelará contra todo el canon de la literatura francesa que llama a sus relatos peyorativamente como “literatura del yo”, y lo tildan de narcisista. Escribe para hacer pública su vida para que nadie después diga que él jugó con la publicidad de la vida de Foulcault para hacerse famoso y luego esconder la propia. Hervè amaba a Michel y lo extrañaba.

¿Por qué diablos no se terminará de juzgar al narcisismo? ¿Cómo un sustantivo encantador y serio pudo volverse tan trivialmente peyorativo? Lo que se denigra como narcisismo: ¿no es acaso el mejor de los intereses a los que uno debe dedicarse, para acompañar a la propia alma en las transformaciones?

Casi ciego por causa del SIDA, con un cuerpo que él mismo –amante de los cuerpos de los hombres- ya no podía soportar, Hervè Guibert intentó suicidarse en la víspera de su cumpleaños, y murió unos días más tarde, el 27 de diciembre de 1991.



***
Obra: Citomegalovirus, diario de hospitalización.
Autor: Hervè Guibert.
Edit: Beatrz Viterbo Editora.
63 pág.

viernes, 10 de mayo de 2013

The Dark Side of “The Shining”


Por Maxi Audisio | Cine

Título: Room 237
Director: Rodney Ascher
Guión: Rodney Ascher
Música: William Hutson, Jonathan Snipes
Fotografía: Rodney Ascher
Año: 2012
Duración: 104 min.

The Shining es quizás el trabajo más enigmático de Stanley Kubrick por la experiencia de horror ante la que somos expuestos, la simetría casi enfermiza que maneja y su capacidad de desorientarnos al alejarse tanto del libro de Stephen King. Para la mayoría puede tratarse sólo de una película, para otros es una gran metáfora que desata múltiples teorías sobre dobles intenciones del director con mensajes ocultos e incluso una cubierta para revelar la verdad sobre los logros de la denominada era espacial. Un film que pese a tener más de 30 años de edad sigue generando controversias, inspirando el debate, la especulación y el misterio.

Ante tantas preguntas sin respuestas, el director Rodney Ascher no tuvo mejor idea que llevar a cabo un documental llamado Room 237 (si, al igual que la habitación en la cual Danny Torrance entra y se encuentra con un panorama horripilante) que explora las numerosas teorías sobre el significado oculto dentro de la película de Kubrick. El director investiga a través del documental todos esos significados ocultos en la película de 1980.
En dicho documental son cinco puntos de vista muy diferentes los que se exponen y ven la luz a través de una voz en off, fragmentos de películas, animaciones y representaciones teatrales, todo, mediante cinco entrevistados (que no son simples fanáticos, sino reconocidos profesionales del periodismo y de la enseñanza académica) que responden a preguntas simples, similares, pero conforme avanza el documental y sus teorías son comprobadas con las imágenes de The Shining, nos sentimos desorientados, y nos preguntamos si algunos de estos narradores tendrá razón en lo que dice.
En primer lugar, el periodista Bill Blakemore explica como The Shining es una alegoría sobre el destino final de los indios americanos mediante hachas (memorable escena de Jack Torrance destruyendo una puerta), latas de comida apiladas en algunas escenas y el cementerio indio oculto en los cimientos del hotel. De forma igual de convincente, el profesor Geoffrey Cocks muestra evidencias de como Kubrick insertó el tema del Holocausto a través del número 42, que aparece en múltiples ocasiones en el filme y que haría alusión al año en que los nazis iniciaron la práctica de la Solución Final con los campos de concentración y exterminio.
Por su parte, Juli Kearns y el músico John Fell Ryan, insisten sobra las múltiples etapas en la conciencia del pequeño Danny a través del recorrido de pasillos a bordo del triciclo y la posible manipulación de sus padres en esos ascensos y descensos. Aquí, mediante
recorridos virtuales demuestran que hay espacios con arquitecturas imposibles, ventanas donde no puede haberlas y habitaciones que no hay forma de que existan.
Otra de las teorías plantea que para comprender The Shining es necesario verla al derecho y al revés, de forma simultánea, y que todo esto es obra de Kubrick con la novela de Stephen King tan solo como pretexto de entretenimiento.
Pero la última y quizás la más interesante de todas, es la perspectiva desarrollada por el escritor Jay Weidner que relaciona el número 237 como un supuesto guiño de Kubrick para revelar su participación en el montaje de las imágenes del Apollo 11 y la llegada del hombre a la la luna.
En una escena de la película se ve a Danny jugando con cohetes en el suelo, sobre una alfombra. Está sentado dentro de un dibujo con forma hexagonal, la misma forma que la plataforma de despegue del Apolo 11. En un momento dado el niño se levanta, se aprecia allí que su pulóver contiene una imagen de la nave, lo cual haría alusión al despegue de la misma, mientras con el cohete en la mano, Danny camina hacia la temida habitación 237. Weidner explica y concluye que a los escolares de la década de los sesenta se les enseñó que la distancia entre la Tierra y el satélite lunar era de 237.000 millas.
Del documental se puede decir que busca de alguna forma la subjetividad. El director no cree estar en posesión de la verdad definitiva sobre la película, en su lugar intenta dotar desde una perspectiva determinada, esta eterna discusión cinéfila aportando nuevas (re)interpretaciones, miradas y curiosidades, transformandose en un filme sobre la naturaleza de la obsesión y la capacidad para comprobar que cualquier cosa puede ser real.
Por supuesto el debate no termina y las respuestas no son definitivas, nos quedamos tan solo con interpretaciones de lo que quizás Stanley Kubrick quiso demostrar con su película. Lo único que podemos hacer por el momento es ver y disfrutar de The Shinning y Room 237 en la búsqueda de esas significaciones que seguramente jamás sabremos si son reales o no.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Los famosos y su tiempo libre


Por Gracia Zamblera | Gossip

Dentro de las pocas cosas que todo ser humano anhela y desea con ansias, es tener tiempo libre para hacer lo que realmente le gusta: escuchar música, leer, dormir, hacer gimnasia, estar con amigos o lo que fuere.
Obviamente, la gente que es famosa y mundialmente conocida tiene, además de dinero, mucho tiempo libre para realizar diferentes actividades, que paso contarte:

- Angelina Jolie, Julia Roberts, Sarah y Hyllary Swank, ponen el “modo abuela ON” y se dedican a tejer.

- Robbie Williams, Will Smith, Tobey Maguire, Madonna y Jennifer López pasan horas tranquilamente sentados en una mesa frente a una caja de juegos, pero lo cierto es que estos famosos son adictos al Monopoly, al backgammon y al dominó entre otros muchos juegos. El preferido de las estrellas: el Scrabble, tiene tantos adeptos que cada año durante el Campeonato Mundial se publica una lista oficial de celebrities adictas como Chris Martin, Mel Gibson, Christina Aguilera y Nicole Kidman.

- Brad Pitt saca el arquitecto que se esconde en él y se dedica a las decoraciones de ambientes, incursiona en diseños arquitectónicos y colecciona esculturas metálicas.

- Charlie Sheen, cuando no esta de fiesta con mujeres y otros condimentos, pasa su tiempo viendo los partidos de su equipo de Baseball favorito: Los Cincinatti Reds.

- Rod Stewart, cada vez mas despliega mas sus dotes de lord inglés serio y se dedica a armar trenes de miniatura. Lo curioso (si es que ese dato no lo sea) es que es muy reconocido por este arte y hasta una de sus creaciones salió en la tapa de la revista Model Railroader, que según dicen muchos, le significó más excitación que la tapa de una Rolling Stone.

- Alice Cooper, rockstar desde 1964, además de ser una gran influencia para muchos otros como Marilyn Manson, Vincent Damon Furnier como realmente se llama, es un apasionado golfista. Es raro verlo sin maquillaje y con camisa rosa de golf y guantes blancos.

Y para cerrar este post, te cuento el hobby de Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones, el cual es un reconocido coleccionista de automóviles. Esto no es raro en las grandes celebridades, pero el caso de Watts destaca porque él nunca ha tenido una licencia para conducir. WTF??








martes, 7 de mayo de 2013

Mad por Mad Men


Por Juliana Rodriguez | Tevé

Volvió Mad Men. Volvimos a respirar aire de series. La ficción más sexy, inteligente, glamorosa y dramática de la TV ya está en el cable con su sexta temporada, que tuvo un inicio a la altura de su fama. En un comienzo de capítulo doble, Don Draper (el personaje que originó entre sus fans una nueva religión: el “dondraperismo”) está como pocas veces lo vemos: de vacaciones. En pleno Hawai, disfrutando unos días con su nueva mujer, empiezan a ocurrirle cosas extrañas.
La nueva temporada retoma la vida de Draper y sus compañeros en la agencia de publicidad, ya en la década de 1960, y se detiene en esta nueva etapa: de su socio Roger y sus búsquedas existencialistas (con un humor sutil), de su ex empelada Peggy y su pase a la competencia; de su compañero Pete (personaje más odiado que el mismísimo Joffrey de Juego de tronos) y sus crisis maritales. No queda afuera la ex mujer de Don, Betty, convertida en una ama de casa cada vez más oscura y demente; y de su nueva mujer, que busca crecer como estrella de TV.
Con todo esto, Mad Men sigue siendo una estrella en la programación de dramas, básicamente por sus dos personajes principales: Draper y su búsqueda incesante (de identidad, de paz, de éxito, quién sabe hay al final de su búsqueda); y la vida adulta de una sociedad que se está convirtiendo en otra cosa (en una sociedad de consumo, en una sociedad que no sabe que está por perder una guerra tremenda como al de Vietnam).
Pero, por sobre todas las cosas, Mad Men sigue haciendo lo que mejor hace: ser una serie en la que parece que no pasa mucho, pero en la que todo significa algo. En la que toda escena, mirada, plano y música de fondo hace sentido. En el que cada escena está por algo. Por eso la vemos con tanta atención.
Lunes, a las 22, por HBO.